El presidente Aznar se está quedando solo en esta larga precampaña electoral. En esta ocasión esa soledad no viene provocada por la desaparición de sus ministros o de los dirigentes del PP de la primera línea de batalla; en esta ocasión Aznar se está quedando sólo por la incapacidad de sus propios compañeros de partido por seguir su ritmo político. Un ritmo electoral de propuestas, de iniciativas y de beligerancia política que nos está devolviendo al primer plano al mejor Aznar, al Aznar de los mejores tiempos.
El actual presidente del Gobierno no parece dispuesto a que se le pueda estropear su presencia en Moncloa en la recta final de su mandato. Hasta tal punto, quiere salir del poder por la puerta grande que el ritmo en el que está ahora mismo inmerso está llevando el asombro a sus más cercanos colaboradores:"¡Está como un toro!", dicen para luego añadir: "Y lo peor es que va a más".
El último ejemplo, el ejemplo más claro de que Aznar está intratable en el escenario electoral lo hemos visto este lunes. Con los datos del paro en la mano se ha mostrado fuerte y contundente con la oposición, seguro de los logros del Ejecutivo y dispuesto a dar la batalla hasta el final. Aznar está funcionando como una maquina electoral bien engrasada, pero por el momento no está siendo acompañado por el resto del Partido y del Gobierno.
Esta demostración de fuerza del presidente del Ejecutivo está dejando en evidencia dos de los defectos más claros del partido en el poder. Aznar vende con convencimiento lo que hace, los demás no muestran esa misma seguridad. Aznar está a un fuerte ritmo, los demás se entretienen con cuestiones secundarias. Aznar transmite espíritu ganador, los demás enseñan con demasiada facilidad dudas sobre el futuro.
Precisamente ese comentario recogido en los pasillos del poder:"¡Está como un toro!", confirma de que él único toro bravo de la ganadería es el presidente del Gobierno, mientras que el resto está actuando como simples cabestros. Aznar ha recuperado su olfato ganador, goleador y demoledor, pero el equipo por el momento no acompaña. Y uno sólo, por mucho que quiera, no siempre puede echarse el equipo encima.

El toro y los cabestros
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