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Un decálogo de tercas obviedades

El atentado que en la tarde del martes conmovió y enlutó a Israel, ha servido para demostrar unas cuantas cosas, casi todas ellas evidentes y ya conocidas:

1.-La Autoridad Nacional Palestina y por tanto su jefe, Arafat, no han hecho absolutamente nada ni ahora ni antes para evitar que las organizaciones terroristas palestinas, especialmente Hamas, sigan asesinando.

2.-El futuro primer ministro palestino, Abú Alá, no puede ni tal vez quiera acabar con estas bandas de criminales. Sus buenas palabras no deberían engañar a nadie como tampoco engañaron las de su antecesor, Abu Mazén.

3.-Sectores mayoritarios de la opinión pública palestina, enardecidos por la locura suicida de estos grupos, aplaude estos actos y jalea a sus autores.

4.-La declaración de Hamas como grupo terrorista por parte de la UE llega tarde mal y nunca. No servirá para evitar que siga actuando como lo que realmente es, una gavilla de asesinos.

5.-La UE no debería dar apoyo alguno a ningún dirigente palestino designado por Arafat sin que previamente haya un compromiso del rais palestino de acabar como sea con los grupos terroristas, incluido el llamado “Martires de Al Aqsa” que promueve y controla. Es dudoso que lo haga y sobre todo, que cumpla lo que dice. Arafat es un mentiroso.

6.-El gobierno de Israel y sus fuerzas armadas, con el apoyo evidente de la una opinión pública, no tienen más salida que neutralizar a estos grupos terroristas, dado que quienes o quien podría hacerlo, se niega porque le conviene que sigan asesinando. Es un problema de supervivencia y de sentido común.

7.-A la luz de los actuales acontecimientos, de las declaraciones nada ambiguas de la Jihad Islámica y Hamas y del silencio cómplice de Arafat, Javier Solana debería reflexionar sobre si la política europea con respecto al conflicto es la más adecuada o sirve apenas para garantizarle a Arafat que seguirá en la Mukata inspirando y azuzando a los criminales de toda laya y condición. Arafat es el problema no la solución. Ojalá la UE y Solana se caigan de una vez de la higuera.

8.-Idéntica reflexión deberían ejercitar el secretario de Estado americano y algunos de sus colaboradores, para quienes no parece haber lazos directos entre quienes asesinan en Israel y los que asesinaron hace dos años en Nueva York. Son los mismos y la guerra contra este tipo de asesinos debe ser global. ¿No es eso lo que Aznar se ha cansado de repetir estos meses?

9.-¿Hasta cuando algunas ONG españolas, y desde luego la Agencia Española de Cooperación, seguirán ayudando de forma acrítica alas autoridades palestinas sin saber muy bien hacia dónde va esa ayuda, a quien sirve y para qué?

10.-La tesis reduccionista de igualar a Sharon con Arafat, de tanto éxito entre algunos españoles, se parece bastante a la que durante tanto tiempo fue moneda corriente en el país vasco español, consistente en confundir a los verdugos con las víctimas.

Estas diez tercas obviedades son fruto de la lógica común. Para juzgar lo que sucedió el martes en el campo israelí de Tzrifin convendría tenerlas en cuenta.


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