Madrid ha repetido cita electoral por segunda vez en cinco meses. Los madrileños han acudido por segunda vez a las urnas en un tiempo record y está vez los resultados no ofrecen duda alguna. Esperanza Aguirre, la candidata del Partido Popular, se ha llevado el gato al agua. En esta ocasión, los datos no dejan ningún margen para la interpretación, ni para la maniobra. Los madrileños, como era de esperar y como indica el sentido común, han decidido castigar a un Partido Socialista que no ha sido nunca claro con la crisis de la Asamblea y que además en ningún momento ha tenido un gesto de "coraje político" que le llevara a reconocer que algunas veces se cometen errores graves. El error más grave fue en su momento fabricar una lista electoral, sin valores, con el único referente de que la candidatura de la FSM fuese un simple escaparate del equilibrio de poder interno, un burdo reflejo de las disputas familiares de los socialistas madrileños.
El Partido Socialista sale pues de las elecciones de Madrid marcado por sus propios errores, por sus evidentes miserias y por su incorregible soberbia. El fracaso de Madrid es el fracaso de Simancas, pero también de Zapatero. La derrota de Madrid es la derrota de la FSM, pero también de la dirección federal. Es el varapalo a una estrategia política, que deberá de ser inmediatamente corregida si el secretario general de los socialistas no quiere que marzo se convierta en algo más que en una tumba política. El PSOE debe tomar muy buena nota de lo que ha ocurrido en las elecciones a la Comunidad Autónoma de Madrid. Infravalorar los resultados, despreciar la derrota, es seguir tropezando en la misma piedra, cuando queda ya poco camino y el precipicio está a la vuelta de la esquina.
