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¿Hay PSOE?

¿Hay Partido Socialista? No. Y a eso se reduce todo.
 
La aventuradísima estrategia por la que optó Zapatero —tras el pescozón de Cebrián y González—, después del insuficiente resultado de las elecciones autonómicas vascas de hace un par de años, ha dado sobre el vacío tras las catalanas. El guión que se había soñado era muy distinto a lo que la realidad impuso. La hipótesis de un Maragall, heredero del poder omnímodo de Pujol, debía abrir una perspectiva prometedora: la articulación del conjunto de los poderes autonómicas socialistas (incluido el que generaría un nuevo acuerdo PSE-PNV) en una ofensiva ordenada contra el poder central del PP. El nuevo Presidente de la Generalitat sería el verdadero cerebro de ese PSOE renacido, y Zapatero poco más que una reina madre, a cuyo través vehicular la unidad socialista. El día mismo en el cual Maragall quedó reducido a segundo de Carod Rovira, toda la telaraña de sueños, tejida en torno a su hipotético triunfo, se deshizo. Quedan sólo jirones. Sin capacidad de anudarlos en algo que se parezca a una estrategia.
 
A partir de ese día, la tentación, ya muy fuerte entre los caudillos locales, de salvar los feudos autonómicos al precio que fuera —incluida la más que verosímil voladura del partido— cristalizó en una certeza irreversible. Todos dieron por sentado que las elecciones generales estaban perdidas. Y todos iban a utilizar tan sólo el altavoz mediático que unas generales ofrecen, para potenciar imagen de cara a su local electorado, único del cual va depender, en el futuro, su poder y su sueldo.
 
Ni Chávez duda un instante de que ninguna posibilidad existe de multiplicar por 17 las agencias tributarias, ni Rodríguez Ybarra guarda la menor esperanza de eliminar del parlamento español a las fuerzas nacionalistas. Uno y otro saben, sin embargo, que esas cosas gustan a lo más provinciano de sus electorados cautivos. Y que los partidos pasan, pero los caciques quedan.
 
¿Zapatero, en todo esto? Si le quedase un dedo de inteligencia —de decencia ni hablo— saldría corriendo: como corriendo han salido todas cuantas "celebridades" recibieron la invitación de ir segundas en su lista. Cualquier cosa es moral y políticamente preferible a pasar por el bochorno al cual lo están condenando sus jeques locales. No tiene, nunca ha tenido, posibilidad alguna de ganar, es cierto. Lo de ahora es mucho peor, sin embargo. A costa del destrozo electoral de Zapatero, Ybarra, Chávez, Maragall o López están blindando sus clientelas. A eso se reduce todo este circo. Sin que importe gran cosa a los perpetuos caciques que el electorado nacional vacile, estupefacto, entre la hilaridad y la ira. No tienen nada que perder, esos tipos, con todo ese esperpéntico delirio. Los vidrios rotos los va a pagar el pobre Zapatero. Para eso lo pusieron. Cuando se acaba el PSOE.

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