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Bambi ha muerto

La presencia de Zapatero en la Comisión de investigación ha servido para mostrar a todo el mundo que Bambi ha muerto. En su lugar nos hemos encontrado con un presidente agrio y malhumorado

La presencia de Rodríguez Zapatero en la Comisión del 11 de marzo ha abierto una nueva etapa en la presente legislatura. Zapatero, que hasta ahora había defendido el buen talante, el sentido del humor, la sonrisa y el abrazo a la hora de hacer política se ha caído con todo el equipo. Ni formas, ni fondo. Ya vale todo.
 
Zapatero se ha quitado la careta de la falsa armonía. Ha cruzado la línea roja que un presidente del Gobierno nunca debe traspasar. Zapatero ha roto la baraja, se ha saltado todas las reglas del civismo entre el Ejecutivo de turno y la oposición. El presidente ha dejado de lado la cortesía y se ha lanzado a la estrategia de la descalificación sistemática de todo lo que huela a Partido Popular.
 
Parecía que a Zapatero se le había pasado esa obsesión primeriza de demoler toda huella de José María Aznar. En las últimas semanas se había parapetado detrás de esa sonrisa angelical que ha demostrado ser una funesta fachada. El presidente del Gobierno se siente cada vez menos seguro. Perdiendo puntos en las encuestas a toda velocidad, con un deterioro preocupante en la imagen del Ejecutivo, con varios ministros en la cuerda floja gracias a sus propios errores. Zapatero parece decidido a echarse la manta a la cabeza y arramblar con todo lo que le pueda hacer daño.

La presencia de Zapatero en la Comisión de investigación ha servido para mostrar a todo el mundo que Bambi ha muerto. En su lugar nos hemos encontrado con un presidente agrio y malhumorado. Muy lejos de las buenas formas democráticas que dice practicar. Ya conocemos al verdadero Zapatero. Y desde luego las cosas son bien diferentes a las que nos querían hacer creer. Bambi ha muerto. Y no sabemos la que nos espera.

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