Zapatero no está bien, y no es para menos. El jefe del Ejecutivo ha aparecido hoy en la sesión de control al Gobierno –después de la gira gastronómica gallega– nervioso, dubitativo y muy agresivo. Esa agresividad –¿donde ha quedado el talante?– es el síntoma más claro de que el presidente está pasando el peor momento, con mucho, de la legislatura. Zapatero, ante la pregunta lógica y normal de Mariano Rajoy por la crisis surgida con el Estatuto catalán, se ha puesto como una pantera. Y con los nervios a "flor de piel" se ha lanzado a acusar al Partido Popular de estar metiendo miedo a los españoles con el Estatuto. Desde luego el mundo al revés.
El presidente del Gobierno está consiguiendo agotar a toda la velocidad la amplia gama de calificativos que se habían utilizado para explicar sus modos y estrategias. Ciertamente los modos son de una irresponsabilidad extrema, pero es que además ahora en una dinámica de locura total Zapatero se dedica a insultar al Partido Popular, que es el único salvavidas que le queda para sacar adelante un modelo nacional serio y estable.
La situación límite para Zapatero es evidente; recurre a la estrategia del miedo y del insulto puesto que ya no le queda una gota de gasolina. No tiene razón de ser que pueda acusar a Mariano Rajoy de "meter miedo a los españoles", cuando desde hace más de un año el Partido Popular ha ofrecido el apoyo necesario al Gobierno para que pueda prescindir del chantaje de los nacionalistas. El responsable del Ejecutivo lo ha rechazado y por lo tanto se encuentra ahora lo que se ha buscado
Aunque, quizá, lo que más preocupa no son los errores cometidos por el Gobierno que son muchos. La gran preocupación es que Zapatero no está dispuesto a rectificar bajo ningún concepto; lo que nos lleva a pensar que nada le importa en absoluto. Va a lo suyo, que no es otra cosa que el de mantenerse en el poder a toda costa sin escrúpulos y a cambio de lo que haga falta. Estamos ante una política de tierra quemada dirigida desde Moncloa y en la que Zapatero está en primera fila. Y eso en un presidente del Gobierno no tiene precedentes.
