Menú
Pedro Schwartz

Síndrome de Estocolmo

Mi temor y el de los muchos españoles que no queremos ceder a la violencia, que creemos que es mejor morir de pie que vivir arrodillados, es que el Gobierno caiga en la tentación de ceder demasiado para conseguir un armisticio rápido.

En 1973, las víctimas de un secuestro de seis días en un banco de Estocolmo formaron un lazo emocional con sus apresadores, llegando a defenderlos tras su liberación. Así se puso nombre a un fenómeno que ocurre desde los tiempos más remotos de la historia de la humanidad: la esclavitud psicológica de los débiles ante los violentos que los oprimen. La reacción de alivio general ante la proclamación de una "tregua permanente" por la ETA es comprensible, pero no la ceguera de algunos, como los que han llegado a hablar del "regalo" que la ETA nos ha hecho al resto de los españoles. La situación real es muy otra: la ETA no nos regala nada pues ha sido derrotada, como lo fue el IRA en Irlanda del Norte, que ha entregado las armas sin conseguir ninguno de sus fines. Las concesiones que se le hagan para conseguir que deponga definitivamente las armas deben ser las justas y sólo las justas para que la dirección pueda salvar la cara ante sus miembros más violentos. Por eso hay que alabar el gesto del presidente Rodríguez Zapatero de pedir el apoyo del líder de la oposición durante las negociaciones con la banda criminal. La presencia de Mariano Rajoy al lado del presidente infunde confianza en quienes de ninguna forma aceptaríamos que se dilapidara lo conseguido en tantos años de lucha contra los terroristas.

La espantosa matanza perpetrada por los seguidores de Al Qaeda en la estación de Atocha de Madrid el 11 de marzo de 2004 ha vedado por algunos años el camino de la muerte para los terroristas vascos. No es que les temblara la mano ante el asesinato masivo: baste recordar la bomba que los etarras hicieron estallar en los almacenes Hipercor de Barcelona. Es que saben que la reacción popular ante una sola muerte más habría sido tan viva como la que siguió a la de Miguel Angel Blanco en 1997, cuando España se llenó de manos blancas alzadas en protesta contra la violencia. En la siniestra competencia entre bandas armadas para socavar las bases de la civilización han ganado los fundamentalistas musulmanes. Otro elemento ha contribuido a la derrota de la ETA, la impaciencia por salir a la calle de los 493 presos. La justicia les había asestado un duro golpe, al evitar que algunos de los más crueles fueran excarcelados por una indulgente interpretación de la reducción de penas por buena conducta. Eso ha profundizado la depresión de ese colectivo, seis de cuyos miembros habían escrito una carta en 2004 a la dirección de la banda para decir que nunca se habían "encontrado tan mal" y que "en las actuales circunstancias, la lucha armada que desarrollamos hoy en día no sirve". De hecho hubo algunos que brindaron con champagne para celebrar la noticia de la tregua permanente.

La persecución policial en Francia y España, así como la firmeza de las condenas impuestas por la Audiencia Nacional a los que caían en manos de la justicia, habían ido reduciendo los efectivos de los terroristas a niveles mortecinos. Incluso se adivinaban dificultades económicas en el recrudecimiento de la campaña de extorsiones, descritas con el eufemismo de "impuesto revolucionario". Una de las causas de esa penuria era la ilegalización de Herri Batasuna, el brazo político de la ETA, conseguida por José María Aznar, pues por ello habían dejado de percibir subvenciones y sueldos del Parlamento, las Diputaciones y los Ayuntamientos del País Vasco.

Los terroristas sentían pues dolorosamente la presión de su situación y del calendario: la banda infiltrada y diezmada; los presos desesperados e impacientes; la caja vacía y, además, la amenaza de que sus lacayos políticos no pudieran concurrir a las elecciones municipales en la primavera de 2007 si se mantiene la ilegalización de sus formaciones políticas.

Los etarras se caracterizan por su mala prosa y su soberbia. La expresión "tregua permanente" recuerda la mente burocrática de las SS. ¿Qué es una "tregua permanente"? No es ni provisional ni un alto el fuego. Es una suspensión de actividades violentas que durará o no durará, insinúan, según el Gobierno obedezca o no las imposiciones de la banda. Aunque está derrotada, sigue hablando en sus comunicados como si dictara términos a los vencidos: "¡Gobiernos de Francia y España! Portaos responsablemente. Exigimos la auto-determinación de toda Eukalherría, incluida Navarra y las provincias francesas de Iparralde, aunque no quieran. Habéis reconocido a Cataluña como nación, hacedlo con el País Vasco. Si no..."

Mi temor y el de los muchos españoles que no queremos ceder a la violencia, que creemos que es mejor morir de pie que vivir arrodillados, es que el Gobierno caiga en la tentación de ceder demasiado para conseguir un armisticio rápido. Acercar los presos a las cárceles del País Vasco, bien, puesto que está dentro de los poderes del Ejecutivo. Legalizar Herri Batasuna, bien, si abandonan las armas. ¿Más autonomía de las tres provincias vascongadas? Como vamos hacia otra España aún más descentralizada, pues bien. Pero ni un ápice más. El PSOE y el PP juntos pueden conseguir esa paz democrática que todos anhelamos.

En España

    0
    comentarios

    Servicios

    • Radarbot
    • Biblia Ilustrada
    • Libro
    • Curso