A pocos días de un nuevo aniversario de la Constitución Española nos encontramos con una nueva declaración de principios y objetivos del PSOE que difícilmente puede sorprender a nadie, pero que desmonta cualquier teoría que pudiera rumorearse sobre una posible moderación del discurso y la doctrina de Rodríguez Zapatero. En este manifiesto laicista del PSOE se recogen perfectamente los dos objetivos del actual Gobierno: el cambio en el modelo de Estado y el cambio en el modelo de sociedad. Ninguno de los dos es un asunto menor sobre el que esté dispuesto a claudicar Zapatero, sino que conforman la columna vertebral de su acción de gobierno.
El cambio en el modelo de Estado tiene como punto de partida basar la legitimidad de la Transición en la República de 1931. A Zapatero no le sirve el camino hacia la democracia elaborado en los años 70, al que considera incompleto por no haberse basado en exclusiva –como sucedió con la constitución republicana– en los valores de la izquierda. Cree necesaria una "nueva transición" que corrija ese error y devuelva a "los derrotados" de la Guerra Civil al lugar que según él merecen. Como Azaña entonces, Zapatero considera que sólo la izquierda tiene títulos legítimos para gobernar. Esa fue una de las razones por las que la Segunda República fue una de las etapas más desastrosas de la España contemporánea. Aunque ahora que el presidente dice que fue una época extraordinaria para los españoles, parece que haya que repetir como cotorras que fue una maravilla.
Por otro lado, Zapatero busca arrasar con la historia y con las raíces culturales, sociales y religiosas de España, con el objeto de crear un Estado laicista sin referencias al pasado común y donde todo gire en torno a un "nuevo" modelo de sociedad excluyente y sectario. Para ello ha diseñado una educación partidista y partidaria con la que adoctrinar a los españoles de la cuna a la tumba.
Son precisamente estas dos cuestiones clave la que aparecen nítidamente en este manifiesto socialista, una pista clara que indica que este Gobierno no está dispuesto a disfrazarse con una inofensiva piel de cordero. Al final la cabra siempre tira al monte y, en este caso, con especial brío.
