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Jeff Jacoby

Arrepentíos, el fin del mundo se acerca

La exageración de los efectos del cambio climático permite publicar titulares dramáticos, pero la realidad es más compleja e interesante. Los agoreros pueden afirmar que el cielo se cae, pero el trabajo del periodista debería ser comprobarlo.

¿Recuerda ese gran informe de Naciones Unidas sobre calentamiento global que apareció en los medios hace un par de semanas entre el ruido y la furia? He aquí una noticia de última hora: no era el gran informe de Naciones Unidas sobre calentamiento global.

Por extraño que parezca, la mayor parte de los medios omitieron mencionar que el documento difundido el 2 de febrero por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU no era el cuarto de su serie de informes, que ocupará alrededor de 1500 páginas cuando se difunda en mayo. Solamente era el "resumen para políticos", un documento de 21 páginas redactado principalmente por burócratas gubernamentales, no por científicos, y concebido para dar moldear a la opinión pública. Quizá el resumen resulte ser un reflejo fidedigno de las conclusiones de los científicos, pero no sería la primera vez que no es así.

En ediciones anteriores, los científicos colaboradores con los informes del IPCC han venido protestando porque el resumen para políticos distorsiona sus descubrimientos, por ejemplo, presentando como definitivo lo que en realidad sólo son conclusiones provisionales sobre la implicación humana en el calentamiento global. En esta ocasión, el resumen está hecho con aún más seguridad: afirma "inequívoco" que la Tierra se ha calentado a lo largo del último siglo y "muy probable" –lo que significa seguro en más del 90%– que la actividad humana sea la causa.

Que el cambio climático está teniendo lugar nadie lo duda; el clima de la Tierra está en permanente cambio. ¿Pero está realmente tan claro que el presente calentamiento, que se reduce a menos de un grado centígrado a lo largo del último siglo, es debido a la acción del hombre? ¿O que el continuo calentamiento conducirá al caos meteorológico y a las muertes masivas que predicen los alarmistas? Para los medios, sí. En general, confían en exclusiva en la tesis apocalíptica: o emprendemos un programa radical para reducir drásticamente las emisiones de dióxido de carbono –es decir, detenemos el crecimiento económico– o estamos condenados, en palabras de Matt Lauer la semana pasada en la NBC, a lo que "podría ser literalmente el final del mundo tal y como lo conocemos".

Quizá los Chicken Little tengan razón y el cielo esté cayendo realmente, pero esa opinión no es unánime en absoluto. Hay más de unos cuantos científicos escépticos, incluyendo climatólogos eminentes, que dudan de los escenarios apocalípticos. ¿Por qué no dedican los periodistas más tiempo a cubrir todos los aspectos del debate en vez de repetir como loros lo que dicen los agoreros?

Sólo rara vez las opiniones discordantes se abren paso a través del filtro de corrección política medioambiental de los medios. Una serie de artículos de Lawrence Solomon en el National Post de Canadá examinaba a algunos de los principales disidentes del calentamiento global, ninguno de los cuales encaja en ese estereotipo tan fácil de despachar de pirados que creen que la tierra es plana. Está, por ejemplo, Richard S.J. Tol, autor del IPCC, editor de Energy Economics y miembro de la junta del Centro de Investigación Marina y Climática de la Universidad de Hamburgo. Tol está de acuerdo en que el calentamiento global es real, pero hace hincapié tanto en sus beneficios como en sus perjuicios y señala que, a corto plazo, los beneficios son especialmente fuertes.

"Tol es un estudiante de la innovación y la adaptación humanas", escribe Solomon. "Como oriundo de Holanda, está íntimamente familiarizado con los diques y otras tecnologías de adaptación de bajo coste y la capacidad de los seres humanos de estar a la altura de los desafíos de su entorno". Cualquiera que sean los cambios que el calentamiento global pueda traer, Tol confía en que los seres humanos se adaptarán a ellos con imaginación y eficacia.

Otro disidente es Duncan Wingham, profesor de física del clima en el University College London y científico jefe de la Misión CryoSat de la Agencia Espacial Europea, cuyo objetivo es medir los cambios en las masas de hielo de la Tierra. La fusión de los casquetes de hielo del norte de la Península Antártica es destacada con frecuencia como Prueba A del calentamiento global y sus peligros, pero los datos de los satélites de Wingham demuestran que la reducción del espesor de parte del hielo antártico se ha visto equilibrado por el engrosamiento en el resto del continente. Las pruebas hasta la fecha, afirma Wingham, "no son favorables a la noción de que estemos viendo los resultados del calentamiento global".

Otros científicos más, detallados por Solomon, argumentan que es el Sol, y no el hombre, el que juega el papel más importante en el cambio climático planetario.

Henrik Svensmark, del Centro Espacial Nacional de Dinamarca, por ejemplo, sostiene que los cambios en el campo magnético del Sol y el consiguiente impacto sobre los rayos solares puede ser la clave del calentamiento global. Nigel Weiss, ex presidente de la Real Sociedad Astronómica y astrofísico de la Universidad de Cambridge, correlaciona la actividad de las manchas solares con los cambios en el clima de la Tierra. Habibullo Abdussamatov, que dirige el laboratorio de investigación espacial del Observatorio Astronómico Pulkovo de Rusia, señala que Marte también está atravesando un calentamiento global pese a que no presenta las condiciones para culpar al efecto invernadero y, desde luego, no parece que la actividad de los marcianos sea la responsable. En su opinión, es la radiación solar y no el dióxido de carbono lo que explica el reciente incremento de la temperatura.

La exageración de los efectos del cambio climático permite publicar titulares dramáticos, pero la realidad es más compleja e interesante. Los agoreros pueden afirmar que el cielo se cae, pero el trabajo del periodista debería ser comprobarlo.

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