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EDITORIAL

ETA conserva su esperanza

Los terroristas no son "locos" compulsivos, sino criminales que nos chantajean porque tienen la esperanza –muchas veces fundada– de que va a haber quienes cedan a sus exigencias en un final dialogado de su violencia.

No hay más que ver las escalofriantes imágenes de los numerosos destrozos causados en los edificios para saber que ETA, a dos días de su siniestro cincuentenario, ha intentado perpetrar una auténtica masacre en la casa cuartel de Burgos. Sólo el azar ha impedido que esos trescientos kilos de explosivos que llevaba la furgoneta bomba hayan causado, en lugar de heridos leves, una cantidad de muertos similar a los causados por ETA en los atentados contra las casa cuartel de Vic o Zaragoza. Tal y como han afirmado fuentes policiales en este sentido, es un "autentico milagro" que de las casi 120 personas que dormían en los pisos –más de cuarenta de ellas, niños–,"sólo" hayan resultado heridos leves sesenta, de las cuales seis son niños y dos son mujeres embarazadas.

Es por ello por lo que, junto a la solidaridad con las víctimas y con las familias de los guardias civiles, queramos empezar también por unirnos a la reivindicación que ha hecho la Asociación Unificada de Guardias Civiles al Ministerio del Interior para que revise y mejore con urgencia los planes y protocolos de seguridad de las casas cuartel para que "dejen de ser un blanco operativo".

Aunque haya que reconocer que, tras los atentados de Durango y Legutiano, el Gobierno ya aprobó en septiembre del año pasado obras de emergencia para la mejora de la seguridad en los cuarteles de la Guardia Civil del País Vasco, es todavía mucho lo que queda por hacer en las instalaciones del resto del territorio nacional. Lo demuestra el hecho de que un acuartelamiento tan importante como el de Burgos careciera de vigilancia nocturna. La falta de prevención es lamentable si tenemos en cuenta además que la policía ya había detectado recientemente que ETA tenía tres furgonetas bombas preparadas para traerlas a España y que ETA no iba a dejar pasar la oportunidad de demostrar, a los cincuenta años de su nacimiento, que sigue creyéndose capaz de obligar a un gobierno de España a negociar sus exigencias.

Aunque sólo en este sentido no le falte razón a Rubalcaba al afirmar que ETA "no quería celebrar nada", sigue siendo muy matizable su afirmación de que la banda sigue una "estrategia de violencia sostenida y enloquecida". Los terroristas no son "locos" que padecen incontrolables espasmos o irrefrenables pulsiones asesinas sin ningún beneficio esperado. Son criminales que nos chantajean porque tienen la esperanza –muchas veces fundada– de que va a haber quienes cedan al final dialogado de la violencia. ETA mata –siempre lo ha hecho– para negociar, para poner en valor aquello que, a cambio de sus exigencias, ofrece cada vez que se ha sentado con los representantes del gobierno de España.

En cualquier caso, esperemos que ningún gobierno –empezando por el de Rubalcaba– vuelva a dialogar con estos "locos" como si fuesen "hombres de paz".

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