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James A. Dorn

Los próximos retos de China

Apartarse del desarrollo dirigido por el Estado y acercarse al liberalismo de mercado fortalecería los nexos entre EEUU y China y promovería un desarrollo más pacífico.

China ha logrado un progreso económico considerable durante los últimos cinco años, soportando la crisis financiera global y convirtiéndose en el exportador más importante del mundo y la segunda economía más grande (sobrepasando a Japón). Los próximos cinco años, sin embargo, presentarán grandes retos para el modelo de desarrollo de China que enfatiza la asignación del capital dirigido por el Estado, las políticas comerciales mercantilistas y una moneda subvaluada como se ha evidenciado con las masivas reservas de divisas.

El modelo autoritario de desarrollo de China parece ser robusto, generando crecimiento real alto año tras año. Pero si el verdadero desarrollo económico es medido por las alternativas disponibles para la gente, el socialismo de mercado de China fracasa en lograr el estatus de Hong Kong como la economía más libre del mundo.

Los defectos en el modelo de desarrollo de China se volverán cada vez más evidentes conforme se acumulen las presiones inflacionarias, las diferencias entre los estándares de vida de las áreas urbanas y rurales se amplíen, una creciente clase media demande el fin de la censura, los controles de capitales limiten por un escaso margen las alternativas de inversión, los derechos de propiedad sobre la tierra sean severamente restringidos y la libertad de movimiento sea violada por un sistema draconiano de pasaporte interno.

Sin la libertad de criticar abiertamente el monopolio del Partido Comunista de China sobre el poder, la gente no será libre de elegir las alternativas que prefieren, incluyendo un verdadero Estado de Derecho que proteja la vida, la libertad y la propiedad. Sin la libertad de capitales, la gente no tendrá la libertad de elegir entre las alternativas de inversión que los favorecerían más que los retornos negativos reales sobre la acumulación de depósitos en bancos del Estado. Sin derechos transferibles al uso de la tierra, los agricultores permanecerán a la merced de los funcionarios locales y no serán capaces de gozar del valor total de esos activos. Y sin la libertad de moverse y ser tratados con igualdad ante la ley, la brecha entre aquellos que tienen permiso de residencia en área urbana y los que no bajo el sistema hukou, continuará provocando un conflicto social.

El principal reto al que se enfrenta el objetivo de China de un desarrollo sostenible será dedicarse a un cambio institucional que le conceda a los individuos más libertad económica y personal. La represión financiera necesita darle paso a la liberalización, dejando que las fuerzas del mercado determinen las tasas de interés y asignen el capital, permitiendo una mayor flexibilidad en el tipo de cambio y dándole al Banco Popular de China más independencia para que pueda utilizar la política monetaria en la consecución de la estabilidad de precios a largo plazo. Principalmente, China necesita despolitizar las decisiones de inversión abriendo los mercados de capitales, privatizando los bancos estatales y haciendo que el yuan sea completamente convertible.

China también necesita normalizar su balanza de pagos. No tiene sentido que un país con escasez de capital sea un exportador neto de capital; acumulando cerca de 3 billones de dólares en divisas para mantener su moneda subvaluada en relación al dólar y promover sus exportaciones. China debería explotar su ventaja comparativa y de costos pero no recurrir al mercantilismo puro. Permitiendo que los precios relativos (incluyendo las tasas de interés y el tipo de cambio real) se ajusten, y respetando el derecho de propiedad intelectual y eliminando las barreras de acceso a los mercados, China ampliaría el rango de opciones disponibles a la gente y aumentaría el consumo doméstico.

Apartarse del desarrollo dirigido por el Estado y acercarse al liberalismo de mercado fortalecería los nexos entre EEUU y China y promovería un desarrollo más pacífico. De esta manera, China probablemente sería vista como un socio constructivo en lugar de una amenaza emergente.

© El Cato

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