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EDITORIAL

Pablo Iglesias se jacta del servilismo suicida del PSOE

Antonio Miguel Carmona demuestra que quien pretende competir con los radicales sin serlo sólo puede, en realidad, ponerse a su servicio.

Es cierto que el candidato del PSOE a la Alcaldía madrileña, Antonio Miguel Carmona, ha pedido la destitución del concejal Pablo Soto por perpetrar unos comentarios en los que se hablaba de "torturar y matar a Gallardón" y de darle guillotina. Y la de Jorge García Castaño por haber animado a sus "compañeras" a “empalar” a Toni Cantó. Y la de Guillermo Zapata por aquellos tuits en los que hizo mofa del Holocausto, del atentado que mutiló a Irene Villa o del asesinato de Marta del Castillo.

Sin embargo, no es menos cierto que la continuidad de esos tres indignos concejales se debe, única y exclusivamente, al apoyo que el propio Carmona brinda a la formación comunista a la que pertenecen. Su hipócrita, patética y, por supuesto, desatendida petición sólo ha sido una demostración de que quien pretende competir con los radicales sin serlo sólo puede, en realidad, ponerse a su servicio. Y a día de hoy no hay mayor muestra de servilismo hacia el radicalismo que el de quien, como Carmona, ha preferido ponerse al servicio de la extrema izquierda y de todos sus energúmenos concejales antes que ser alcalde de Madrid con el respaldo de formaciones como el PP y Ciudadanos.

Pablo Iglesias sabe perfectamente que el vano intento del PSOE de competir en radicalismo con Podemos conduce a los socialistas a un servilismo autodestructivo. Y, lejos de mitigarlo, lo azuza. Así, lejos de entonar alguna disculpa o de agradecer a Carmona el apoyo que sigue brindando a Carmena, ha manifestado que el PSOE, "por la cuenta que le trae", seguirá apoyando a la alcaldesa de Madrid, porque si Carmona se pone de acuerdo con Esperanza Aguirre "para un nuevo tamayazo" Podemos "ganará las generales con mayoría absoluta".

Es una bajeza que Iglesias denigre como "tamayazo" el hipotético apoyo del PSOE al partido más votado en Madrid, que ha sido el PP, y vea como natural el respaldo del PSOE a una extrema izquierda que pregona la eliminación física del adversario o que se mofa de las víctimas de ETA o del nacionalsocialismo.

Lo que resulta delirante es que los socialistas todavía se crean que respaldando a Podemos van a evitar que la formación de Pablo Iglesias crezca a su costa. Nadie vota a un criado pudiendo votar directamente a su señor, como nadie va a votar una mala copia pudiendo votar al original.

Ese servilismo suicida del PSOE con la extrema izquierda va a ahuyentar a los pocos votantes centristas que le quedan y a mantener abierta la vía por la que los más radicales se están marchando a Podemos. Pero, en fin, también los socialistas tienen sus complejos, y no hay que extrañarse de que Iglesias los excite, naturalmente, en beneficio propio.

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