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EDITORIAL

Sánchez amenaza con una operación de limpieza peronista

Su proyecto político es aquel que le permita el ejercicio irrestricto del poder y la capacidad de suprimir las voces discrepantes con la fuerza coercitiva del Estado.

Lo primero que ha dejado claro el presidente del Gobierno en su comparecencia de ayer es que el hundimiento emocional al que aludió para justificar su pintoresca excedencia temporal era otra patraña. A lo largo de su perorata no dio muestras en ningún momento de haber atravesado una crisis personal de la magnitud que refirió en su famosa carta ni hizo mención a los problemas judiciales que atraviesa su mujer, los dos argumentos centrales que esgrimió para justificar la suspensión de sus actividades como presidente del Gobierno. La mentira de Sánchez deja en un lugar ridículo a los periodistas que se identificaron con su presunto dolor, a los famosos que lloraron con la lectura de la misiva y, en general, a los dirigentes socialistas que han liderado esta operación de apoyo a Pedro y Begoña para aliviarlos de un sufrimiento que, como vimos ayer, solo fue una estratagema para concitar un apoyo popular a la desesperada.

Desmontada la coartada emocional, Sánchez ha anunciado sus intenciones de revancha, pero sin concretar en qué se va a traducir esa amenaza de limpiar (sic) todo lo que no le gusta de la política actual. Como buen totalitario, al presidente del Gobierno le molesta que los medios de comunicación fiscalicen al poder y que la Justicia actúe sin atender a criterios políticos, precisamente dos de los principios fundamentales sobre los que se asienta la democracia. Su proyecto político es aquel que le permita el ejercicio irrestricto del poder y la capacidad de suprimir las voces discrepantes con la fuerza coercitiva del Estado, los dos principales signos de distinción de los regímenes totalitarios izquierdistas, en los que él parece verse reflejado. La llamada a una "soberanía popular" por contraposición a las instituciones representativas y esa manera tan sucia y peligrosa de designar como enemigos de la democracia a los discrepantes son los rasgos propios de un peronismo trasnochado, que persigue la transformación de la democracia en un régimen autoritario sin contrapoderes efectivos en el que siempre mande la izquierda, sin posibilidad de alternancia política.

Sánchez ha marcado su camino y parece que muy pronto va a comenzar a dar pasos definitivos. En una democracia consolidada como la que disfrutamos en España, uno de los países más importantes de la Unión Europea, el proyecto totalitario de Sánchez está destinado al fracaso, pero eso no significa que no vaya a intentarlo todo para mantenerse en el poder.

Núñez Feijóo se dirigió a los españoles tras la alocución sanchista, advirtiendo de que estamos ante una nueva treta de un personaje llamado a desaparecer, un mensaje tal vez más disperso y menos contundente del que esperaba la mayoría de españoles. Como líder de la oposición, tiene la obligación de concretar cuanto antes las acciones políticas y judiciales que va a impulsar para impedir este cambio de régimen de estirpe peronista anunciado por Sánchez en el día de ayer. Esa "huida hacia delante", denunciada por el propio Feijóo, solo se frustrará si las instituciones democráticas y los dos partidos de la oposición cumplen adecuadamente y sin complejos con sus respectivas responsabilidades.

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