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Emilio Campmany

Sánchez 'imperator'

Campo y Díez se han demostrado el uno tibio frente al golpe de Estado y la otra abiertamente simpatizante con sus fines.

Campo y Díez se han demostrado el uno tibio frente al golpe de Estado y la otra abiertamente simpatizante con sus fines.
Pedro Sánchez. | EFE

La peor especie de pelota que existe en la política es esa clase de aduladores que convencen al príncipe de que tienen soluciones legales para todos los desmanes que el déspota se propone perpetrar. Félix Bolaños pertenece a esta especie. Es patético verle confundir la idoneidad de los magistrados designados con el cumplimiento de los requisitos mínimos legales. Son varias decenas de miles los españoles que cumplen estos requisitos. No es idóneo quien hizo el trabajo sucio de tramitar y justificar el indulto a los golpistas que sostienen a Sánchez en el poder. Como tampoco lo es quien empleó sus escasos conocimientos constitucionales para cargarse la Constitución Española conforme a las exigencias de aquéllos. Pero el abogaducho Bolaños ha convencido al presidente de que puede defender tan impresentable elección con argumentos legales dignos del Bártolo de Las bodas de Fígaro.

Es verdad que el PP siempre pone en el Tribunal Constitucional a gente excesivamente próxima a su partido, gente de la que esperan cierta docilidad en el ejercicio de las altas funciones que les esperan. Pero, el problema de Campo y de Díez no es que sean socialistas, que mal está, sino que se han demostrado el uno tibio frente al golpe de Estado y la otra abiertamente simpatizante con sus fines. No es fácil encontrar de entre los simpatizantes del PSOE, donde hay leguleyos y picapleitos lameculos y tiralevitas como en ningún otro sitio, gente menos indicada para ocupar tan altos cargos. En el PP puede haber, y de hecho hay, casi tantos como en el PSOE, pero en su servilismo al menos no se dedican a santificar los golpes de Estado de los independentistas catalanes ni a bendecir sus leyes antidemocráticas, que es a lo que van Campo y Díez al Tribunal Constitucional.

Pedro Sánchez ya habla en voz alta de lo que dirá la Historia de él, de los muchos almíbares que los Ángeles Viñas del mañana verterán sobre él, de las muchas lisonjas con las que los Julianes Casanovas de la posteridad anegarán su recuerdo, de los himnos que evocando su nombre cantarán los jóvenes españoles de dentro de cien años. El presidente se cree Julio César redivivo por la hazaña de vencer al Vercingétorix del siglo XX español, aunque con la peculiaridad de haber esperado a que llevara más de cuarenta años muerto. Y no se da cuenta de que el muy lerdo no pasa de Calígula, sólo que éste se limitó a hacer senador a su caballo Incitatus mientras Sánchez va más allá haciendo magistrados del Constitucional a Campo y a Díaz. Qualis dominus, talis et servus.

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