Un día después del debate electoral en el que Alberto Núñez Feijóo espetara a Pedro Sánchez aquello de que "no distinguir entre la verdad y la mentira es un problema patológico", la OCDE ha hecho público su informe anual sobre perspectivas de empleo que deja en evidencia hasta qué punto el triunfalismo del todavía presidente del gobierno se basa en una absoluta desconexión con la realidad. Y es que, frente a las mentiras de un Pedro Sánchez, que presentan a su gobierno como un campeón en la creación de empleo, el informe de la OCDE advierte de cómo España tiene una tasa de desempleo del 12,7%, muy lejano al 4,8% que registra el conjunto de la OCDE y, lo que es peor, que este porcentaje se mantendrá en el 12,6% durante el resto del 2023, manteniendo a España como el país con mayor tasa de desempleo por encima de países como Grecia o Turquía. Y eso que el informe no contempla el maquillaje de los "fijos discontinuos" que utiliza el Gobierno español para enmascarar los datos de empleo ni entra en la cuestión de que el mayor crecimiento de empleo en España se está dando en el sector público antes que en el sector privado.
Otro tanto se podría decir de esas verdades a medias, que son las peores de las mentiras, de Pedro Sánchez como la de fijarse en la evolución del IPC general, sin tomar en cuenta su indicador subyacente y sin fijarse en la evolución del poder adquisitivo, que se sitúa en España a la cola de la UE y la OCDE; o esa otra que presenta a la española como una "economía pujante" en contraste con el dato incontestable —tal y como oportunamente le recordó Feijóo— de que España es el país europeo que menos ha crecido desde 2019.
Si al margen de la preocupante situación económica en la que España se encuentra, tenemos presente la aún más inquietante deriva nacionalista del PSOE, sus pulsiones totalitarias a la hora de controlar y de hacer un uso partidario de las instituciones del Estado —incluido el Poder Judicial— , es fácil de entender hasta qué punto es ineludible atender el imperativo de cambio que reflejan todas las encuestas con independencia de cual sea la lista más votada en las inminentes elecciones generales. Y es que el único reproche que se le podría hacer a la espléndida intervención del líder del PP en su cara a cara con Sánchez fue la de ofrecerle la abstención de su partido en caso de que la lista del PSOE fuera la más votada a cambio de que el PSOE se abstuviera en la investidura de Feijóo si, tal y como pronostican ya todas las encuestas —incluidas las de la SER y el CIS— , la del PP es la lista más votada.
Aun cuando la posibilidad de que la lista del PSOE sea la mas votada el 23J esté también más relacionada con los deseos de Sánchez que con la realidad, Feijóo, por una mera cuestión de principios, no debe en ningún caso eludir su derecho y deber de desbancar a Sánchez y liderar un gobierno con Vox en caso de que su formación y la de Abascal sumaran más de 175 escaños. Feijóo no debe estar dispuesto a cambiar las reglas de la democracia parlamentaria ni para evitarse el tener que pactar con Vox ni, menos aún, para dar una oportunidad de continuidad a Sánchez por muy remota que sea. El electorado del PP, simplemente, no podría entender que Feijóo prefiriera que Sánchez siguiera gobernando antes que de tener que hacerlo Feijóo en un gobierno de coalición con Vox. Y no conocer las preferencias de tu propio electorado también constituye una patológica desconexión de la realidad.

