
La retirada de la política del portavoz parlamentario de VOX abre mil interrogantes, que van desde los estrictamente personales e intencionales hasta los propiamente políticos, pasando por aquellos que inciden en la moralidad o inmoralidad de una decisión personal en una coyuntura histórica dramática para la nación. Detrás de todas esas cuestiones, a nadie con sentido común, o sea político, se le escapa la pregunta fundamental: ¿seguirá VOX la deriva de Podemos, Ciudadanos y otros partidos que, desde 1976 hasta hoy, surgieron como fuerzas políticas importantes, pero terminaron desapareciendo devorados por el PSOE y el PP? Las respuestas inmediatas a esta cuestión son obvias. Hay tantos argumentos para la afirmación como para la negación.
Quienes siempre creyeron que era innecesario este partido, estarán frotándose las manos de satisfacción con esta crisis, que muestran ya como una prueba más de su creencia. También verán con agrado la dimisión de Espinosa de los Monteros, sin duda alguna, quienes pensaron que VOX fue un buen excipiente para regenerar el viejo tejido político del PP de Rajoy, pero que ya ha llegado la ocasión de concentrar en un solo partido los votos de dos fuerzas políticas con algunas afinidades y objetivos comunes. Y, por supuesto, los partidarios de esencias eternas y principios inamovibles, es decir, quienes confunden el funcionamiento de un partido político con la defensa de un dogma religioso, estarán contentos con esta crisis, porque dará lugar a una purificación de algunos principios pervertidos durante estos años. Estos últimos, sin duda alguna, creen necesarios una una refundación del partido, aunque corran el riesgo de su desaparición.
A todos les asisten sus "razones" para saber si VOX sobrevivirá o perecerá después de la retirada de uno de sus líderes políticos, e incluso algunas de ellas son dignas de discutirse como, por ejemplo, la defensa de la nación en términos históricos. Sin embargo, hay otros "razonamientos" que no sólo son despreciables intelectualmente sino que es menester combatirlos en términos morales y políticos. Son engañosos. Ideológicos. Mentiras. Por ejemplo, nadie en su sano juicio político debería poner en contradicción la vía nacional de VOX con su vía liberal. El liberalismo español en todos los tiempos siempre defendió la nación. Nadie más y mejor preparados que los liberales, fuera del color que fueran en la historia, para defender la idea de nación española. Es ridículo, pues, enfrentar en un partido que, precisamente, surgió como defensa la nación: la vía liberal de una supuesta línea social-patriótica. Falso. Eso es confundir la parte final de la espalda con las témporas. No creo que sea el tiempo de las revoluciones en España ni en ninguna otra parte del mundo, por muy conservadoras que se presenten, y sí el de la antibiosis, o sea, la convivencia de dos organismos sabiendo, y eso es la política, que uno se perjudica. ¡O VOX conlleva la antibiosis o desaparece! El resto es utopía y revolución-conservadora. Nada. También en la política los antibióticos son necesarios
