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EDITORIAL

Han destrozado la oportunidad del fútbol femenino

Quieren usar al deporte como un ariete de esas políticas feministas que no pretenden ayudar a las mujeres sino tan sólo enfrentarlas con los hombres.

Todos somos conscientes de que el nivel de la clase política española es, por decirlo de una forma suave, mejorable, pero siendo eso cierto, no lo es menos que es no es tan habitual que una dirigente de primer nivel, ministra, vicepresidenta y líder de un partido, demuestre unas carencias de formación tan groseras como las que cada dos por tres evidencia Yolanda Díaz, que ha hecho de la ignorancia absoluta rebozada de desparpajo una manera de enfrentarse al mundo y sus problemas.

Pero aun así, da auténticos escalofríos que toda una responsable de Trabajo demuestre ser incapaz de una mínima comprensión de cómo funciona el mercado laboral y de que, excepto en una economía comunista que fracasaría como lo han hecho todas, la retribución de un asalariado está directamente ligada a su capacidad para generarle ingresos y/o beneficios a su empresa.

La frase que ha pronunciado este martes Yolanda Díaz cuando hablaba de que los futbolistas masculinos cobran más que las futbolistas femeninas merece ser colgada con letras de oro en el museo de la estulticia:

Las diferencias retributivas tienen que estar motivadas, tienen que ser objetivables y tienen que ser razonables. Cuando existen, tienen que tener unos alcances determinados. Lo que no puede ser es que existan diferencias retributivas por el hecho de ser mujeres.

Porque sin entrar más en el fondo de la cuestión, las diferencias entre el fútbol masculino y el femenino no pueden ser más "objetivables": mientras en el primero la media de asistencia en todos los estadios de la máxima categoría es de casi 30.000 espectadores, en el segundo es 42 veces menor: unos setecientos; y sobre todo: cuando los derechos televisivos que cobran ellos superan los 800 millones por año, los de ellas se quedan en menos de una centésima parte: siete.

La realidad es que sólo un ignorante sumo como Yolanda Díaz puede comparar el deporte más seguido y por tanto mejor pagado del mundo con otro que es todavía muy minoritario y que, de hecho, ha logrado profesionalizarse gracias no a sus propios ingresos, sino a los que generan sus compañeros del sexo opuesto.

Pero aunque lo que dice la líder de Sumar sean unos disparates, no hay que olvidar que no responden sólo a su visión completamente trastornada de las realidades de la economía: en todo lo que está pasando con el fútbol femenino antes y después del Mundial y, sobre todo, tras el escándalo prefabricado del beso de Rubiales, hay una evidente intención política de Yolanda Díaz y de toda la izquierda: usar al deporte como un ariete, otro más, de esas políticas feministas que no pretenden ayudar a las mujeres sino tan sólo enfrentarlas con los hombres.

La izquierda que representan Pedro Sánchez, Irene Montero o la propia Díaz ha aprendido que sólo dividiendo la sociedad en compartimentos aislados y enfrentados pueden tener éxito sus ideas liberticidas y empobrecedoras y para ello no tiene ningún reparo en usar desde la sanidad hasta el fútbol femenino, aún a costa de cortar de raíz las posibilidades de crecimiento económico y deportivo de algo que no deja de ser un espectáculo y que no puede ser terreno para las causas políticas de una parte de la sociedad.

El fútbol femenino es un deporte incomparablemente más pequeño que el masculino, pero ahora tenía una oportunidad única para crecer… hasta que la izquierda lo ha enfangado todo con su miseria política y la ha destrozado como destrozan todo lo que tocan.

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