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Pablo Planas

Las lenguas y las manifestaciones

Advertidos los catalanistas de los propósitos reparadores de Vox, el pancatalanismo ha tocado a rebato. Solo se puede multar en nombre del catalán.

Advertidos los catalanistas de los propósitos reparadores de Vox, el pancatalanismo ha tocado a rebato. Solo se puede multar en nombre del catalán.
Marga Prohens. | Europa Press

El independentismo catalán y sus terminales en Valencia y Baleares han puesto el grito en el cielo ante la temeraria propuesta de Vox en las islas de multar a las administraciones y entes públicos que no garanticen la atención en el idioma español. ¡Qué barbaridad! ¡Multas! Y aún peor ¡por culpa del español! Las exclamaciones de los catalanistas acompañadas de un terrible desgarro de vestiduras mientras se agarran a las paredes para no arrastrarse por los suelos contrastan con el hecho de que allá donde ellos gobiernan no sólo se ponen multas por razones lingüísticas sino que también se persigue sin disimulo alguno la erradicación del español.

La intención de Vox en las Islas Baleares es abrir una oficina que garantice la libertad lingüística después de años de imposición del catalán y menosprecio del español. De manera muy superficial se podría inferir que Vox pretende hacer lo mismo que socialistas y separatistas, quienes también tenían una oficina de "derechos lingüísticos" cuya misión era la de velar porque el catalán fuera considerado el idioma propio y único en la comunidad. Advertidos los catalanistas de los propósitos reparadores y restauradores de Vox en relación al idioma español, las fuerzas vivas del pancatalanismo han tocado a rebato. Solo se puede multar en nombre del catalán. Era previsible.

Lo que no resulta tan previsible (o sí) es que el PP también haya puesto pies en pared en contra de la proposición de Vox. Los argumentos del partido conservador son de índole tan difusa que más que con la propuesta tienen que ver con la reacción de las formaciones afectas a la idea de la existencia de unos países catalanes. Es decir, el PP se ha escandalizado con Vox porque los socialistas y las sucursales de los partidos separatistas sostienen que las ideas lingüísticas del partido de derechas son fascistas. Las suyas, no, pero las de Vox, sí. Y el PP balear, sometido al influjo "semperiano", se ha puesto a hablar en el vascuence de las islas no vaya a ser que los separatistas y sus amiguetes socialistas les consideren a ellos también unos fascistas de tomo y lomo. No hay más.

Ocurre con todo y en todos los órdenes. El PP monta una manifestación contra la amnistía y los socialistas y los independentistas dicen que la manifestación ha sido una castaña y que con las manifestaciones no se arregla nada. Salvo, claro está, que sean sus manifestaciones. La máxima expresión de desprecio procede de La Vanguardia y viene con la firma de Iván Redondo: "Miren, nada como el principio de realidad: no hay marea ciudadana contra la amnistía, no hay rebelión nacional y la plaza aclamó a Isabel Díaz Ayuso y no a Alberto Núñez Feijóo, candidato a la investidura. Ayer –lo vieron– hubo cientos de personas en el acto del PP en la plaza Felipe II contra la amnistía, 40.000 según fuentes de la Policía. Pero no se engañen, todas ellas cabrían en el Wizink (15.000 personas) en dos conciertos de Taburete".

"Cientos" y en "dos conciertos de Taburete". Jojo, jaja. Qué fenómeno Redondo, experto en datos.

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