Menú

La fina piel de los antisemitas

Isabel Díaz Ayuso hace bien en no tener pelos en la lengua en sus intervenciones en la Asamblea de Madrid.

Es uno de esos momentos en los que hay que hablar claro e Isabel Díaz Ayuso hace bien en no tener pelos en la lengua en sus intervenciones en la Asamblea de Madrid: no hay que dar ni un milímetro de espacio a los antisemitas y aquellos que con sus palabras y sus actos muestran un odio infame a Israel y a los judíos deben ser denunciados.

No en vano, el antisemitismo ha sido el responsable de alguno de los peores crímenes de la historia y, como estamos pudiendo comprobar en los últimos días, está terriblemente vivo y no sólo en Israel, los países árabes, Irán o los peores grupos terroristas de Oriente Medio, sino también entre nosotros.

Aquí es necesaria una aclaración: el antisionismo no es sino una forma más del antisemitismo, tal y como reconocen los más prestigiosos órganos internacionales. Los que aseguran que no están en contra de los judíos pero les niegan el derecho a tener un Estado y a defenderlo, no son ni más ni menos que asquerosos antisemitas. Si a esto unimos mirar hacia otro lado o incluso justificar el atroz terrorismo de Hamás el cuadro es completo: tendremos enfrente ni más ni menos que a un antisemita del siglo XXI, alguien capaz de albergar en su interior el prejuicio más criminal de la historia incluso después de la experiencia del Holocausto y de sus seis millones de asesinados.

Hay que denunciarlo y hay que señalarlo, como ha hecho con acierto el PP en la Asamblea de Madrid. Y hay que denunciar también la hipocresía de los que se permiten realizar infundadas acusaciones de genocidio a un estado democrático, pero se muestran totalmente ofendidos cuando alguien pone el dedo en la llaga de su antisemitismo, como hacen Mónica García y su grupo de Más Madrid, siempre del lado ya no incorrecto, sino abiertamente criminal.

Políticos como la propia Mónica García, Ione Belarra y otros muchos de ese repugnante conglomerado que es Sumar no sólo son una vergüenza para la democracia y para Europa, sino que son parte imprescindible del mecanismo del terror: más allá de su asqueroso fanatismo si Hamás y, sobre todo, Irán, supiesen que el terrorismo que promocionan o ejecutan se iba a encontrar con un muro infranqueable de rechazo en el mundo civilizado quizá se pensasen dos veces si esos crímenes tan horrendos son el camino más adecuado para lograr sus fines políticos.

La responsabilidad de estos políticastros y de no pocos medios de comunicación es importante: no se trata sólo de palabras vacías sin consecuencias, sino que realmente su antisemitismo de salón da cobertura e impulsa el antisemitismo de aquellos que están dispuestos a torturar familias enteras sólo porque son judías.

Y hay que luchar también contra esa hipocresía que quizá no sea tan importante, pero también resulta indignante: ese escándalo que fingen cuando se les pone ante el espejo de su antisemitismo, esa cara tan dura que pretende no sólo seguir al lado de Hamás, sino también salir incólume de tan horrenda compañía. Señora García, por mucho que aparente sentirse muy ofendida, al menos aquí se lo vamos a decir una y otra vez: usted y los suyos son unos antisemitas.

Temas

En España

    0
    comentarios

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida
    • Reloj Durcal