
Que Miquel Iceta, el principal representante de Cataluña en el Gobierno, haya logrado tornarse por entero invisible durante estos días, todo un prodigio de escapismo escénico a la altura del gran mago Houdini, demuestra dos cosas. La primera, que es mucho más listo que el resto de sus compañeros de gabinete. La segunda, que el jefe en la sombra del PSC resulta ser consciente del gran coste que va a suponer para los socialistas catalanes el salto al vacío de Sánchez. Y es que la viabilidad futura del circo con tres pistas que acaban de fundar los separatistas y el PSOE (una primera mesa con el Gobierno de España y el de la Generalitat, una segunda mesa paralela con la Esquerra y el partido socialista, más una tercera mesa adicional con Junts y los mismos socialistas) va a estar condicionada a que el independentismo logre obtener la mayoría en las próximas autonómicas.
En caso contrario, resultaría ridículo que dos fuerzas minoritarias en su territorio mantuviesen una negociación con el Gobierno con el fin de hacer viable su afán secesionista. Algo, ese eventual efecto de la paradoja que supone que se vean tan fuertes en Madrid al tiempo que se saben tan débiles en Cataluña, que crea un incentivo perverso para Sánchez. Y es que, a partir de ahora mismo, la condición necesaria para que él siga ocupando el poder en la Moncloa va a consistir en que, bajo ningún concepto, los socialistas catalanes consigan hacerse con el Gobierno de la Generalitat.
En consecuencia, va a tener que ponerse manos a la obra para hacer cuanto esté en su mano al objeto de impedir como sea que Salvador Illa vuelva a ganar las elecciones en Cataluña. Así las cosas, el máximo interés objetivo del hombre que hoy dirige España va a pasar por que los partidos separatistas refuercen al máximo sus posiciones de fuerza dentro de Cataluña. Dicho de otro modo, su pacto fáustico le forzará a alinearse en todo momento con la causa de los independentistas para eludir el riesgo de verse desalojado del poder por los mismos independentistas. E Iceta lo sabe.
