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Emilio Campmany

Campo, un hombre de honor

Como estamos viendo a tantos humillarse en el altar del sanchismo, que un exministro en un cargo tan importante no lo haga es noticia más que relevante.

Como estamos viendo a tantos humillarse en el altar del sanchismo, que un exministro en un cargo tan importante no lo haga es noticia más que relevante.
El exministro de Justicia, hoy magistrado del Tribunal Constitucional, Juan Carlos Campo. | EFE

Desde que el PSOE decidió venderse a Junts, han sido muchos los socialistas que lo han criticado. Algunos, aceradamente, como Alfonso Guerra ayer mismo en El Hormiguero. Sin embargo, la mayoría son viejas glorias y disidentes defenestrados, gente sin cargo que conservar ni puesto al que aspirar. Todo socialista con poltrona que calentar o ubre con la que soñar ha callado, o peor, se ha desdicho sin empacho. Es verdad que Emiliano García-Page, presidente de la Comunidad de Castilla-La Mancha, ha expresado su disgusto. Pero, pudiendo hacer mucho, no ha hecho nada y es obvio que no pretende otra cosa que conservar los votos de sus electores opuestos a la amnistía sin tener la genuina intención de frustrar el propósito de Sánchez. Dicho de otra manera, hasta hoy no hay socialista que, habiéndose opuesto a la ley, haya hecho nada, porque no puede o porque no quiere.

Digo hasta hoy y digo bien. Porque hoy hay un socialista que, además de decir, ha hecho algo. Poco, pero que resulta estruendoso en este páramo de disciplina prusiana que ha impuesto Sánchez en sus filas. Juan Carlos Campo, exministro socialista de Justicia y magistrado del Tribunal Constitucional, ha expresado el propósito de abstenerse en al menos los primeros debates sobre la constitucionalidad de la ley de amnistía. La suya es una abstención de libro toda vez que firmó con ocasión de los indultos un informe que calificaba el atropello de inconstitucional. Pero, como estamos viendo a tantos cambiar de opinión y humillarse en el altar del sanchismo, que un exministro en un cargo tan importante no lo haga es noticia más que relevante.

Ahora mismo, los socialistas gozan en el Tribunal Constitucional de una holgada mayoría de siete a cuatro. De modo que la abstención de Campo no pone en peligro el plan de Pumpido. Sin embargo, el pánico ha cundido de tal manera que José María Brunet, al informar en El País del luctuoso hecho, trata de tranquilizar a sus lectores y les informa de que Campo y Pumpido han acordado que esta abstención, relativa a un recurso irrelevante contra la tramitación de la ley, no implica que tenga que repetirse en el futuro, cuando lleguen los recursos en los que de verdad haya que resolver. Sin embargo, es absurdo que se abstenga para debatir la admisión de un recurso irrelevante y no lo haga cuando se discuta el fondo.

También avisa Brunet de que Pumpido y Laura Díez, que han sido recusados por haber el primero opinado del procés profusamente en público y la otra por haber sido alto cargo socialista y asesora de la Generalidad, no tienen intención alguna de abstenerse. Claro que esto, en los días de barro y lodo que vivimos, no es noticia. Lo es en cambio que Juan Carlos Campo se abstenga. Y lo que preocupa a los socialistas no es tener entre sus cargos a un hombre de honor. Lo que les preocupa es que haya más, en el Tribunal Constitucional y fuera de él. Ojalá.

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