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Itxu Díaz

Votar cada día con tu cartera

Todo suma. A veces bastará con sintonizar, otras veces con compartir un artículo en las redes sociales, otras será cosa de comprar un determinado libro de un autor valiente.

Todo suma. A veces bastará con sintonizar, otras veces con compartir un artículo en las redes sociales, otras será cosa de comprar un determinado libro de un autor valiente.
Pedro Sánchez y el primer ministro belga, Alexander de Croo en el kibutz de Be'eri, uno de los atacados por Hamás el 7 de octubre. | EFE/ Jorge Fuentelsaz

La democracia no es solo elegir cada cuatro años. Cada día de nuestra vida es una constante elección, casi tan crucial como la de las urnas, la de decidir a quién le damos nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestro respaldo. Desde seleccionar una película hasta sintonizar un programa de televisión, o comprar un aparato electrónico, todo se convierte en economía ideológica, en un acto político, en este tiempo de batalla. Y este es tiempo de batalla, de hecho, a vida o muerte, entre la dictadura y el golpe, o la libertad. No es hora de tibiezas. No comprar productos de empresarios independentistas o llenar a diario los restaurantes que han sacado a pasear sus banderas contra el golpe es votar cada día. Y es algo que todos tenemos a mano.

El dinero todavía manda. En medio de la contienda en la opinión pública, en las últimas semanas hemos encontrado a empresarios valientes y mezquinos, a locutores de radio que han apostado por la libertad o por la censura, a instituciones y personalidades que se la han jugado por España y otros que se han arrastrado por el lodo con el cazo amarrado entre los dientes, esperando su dádiva de cada día. Como si transitáramos el juicio final, es el momento de premiar a los buenos y castigar a los malos, con el arma más dolorosa, que ahora más que nunca es la tarjeta de crédito, pero también el mando de la televisión, el like de las redes sociales y plataformas de video, o el sintonizador de la radio.

La prensa, un pequeño puñado de medios, constituirá durante los próximos años el gran contrapeso a la dictadura golpista en ciernes, y el baluarte desde donde podrá defenderse la oposición política, que será igualmente perseguida. El Gobierno lo sabe, y trabajarán –como siempre han hecho— para penalizar a los críticos y regar de dinero público a los afines, en una danza siniestra en la que principal víctima será la libertad, pero ni siquiera es posible aventurar cuáles serán las víctimas secundarias, ni su parte personal de daños.

El respaldo de la sociedad civil a los medios de comunicación independientes es más importante que nunca. Un respaldo también material, porque la asfixia económica es la primera jugada de todo tirano contra la prensa molesta, y está a la vuelta de la esquina. Y por muy valiente que sea un equipo de periodistas libres, mientras no caiga el maná del cielo de las redacciones, la debilidad de recursos es la muerte segura de su altavoz, por muy noble que sea la causa.

Todo suma. A veces bastará con sintonizar, otras veces con compartir un artículo en las redes sociales, otras será cosa de comprar un determinado libro de un autor valiente, la entrada para ver el show de un humorista que se haya posicionado contra la amnistía, asociarse a un Club de Amigos, hacer una donación a una fundación que trabaje en la resistencia o, como hacen los oyentes de esRadio, encargar la cesta de Navidad de la emisora, que además tiene una pinta extraordinaria. Todo cuenta. Lo pequeño también.

Vendrán con todo a por la prensa libre. Sánchez ha demostrado en Israel que la tensión de su triste investidura le ha exacerbado el brote de sujetacubatismo que le dio el pasado 28 de mayo al comprobar que los españoles no le querían. Solo alguien en un avanzado estado de enajenación puede comportarse de un modo tan torpe, tan bruto, y tan imprudente como para viajar al epicentro de un salvaje atentado a culpar a las víctimas a la cara, inmediatamente después de haber visionado las terribles imágenes del ataque del 7 de octubre.

Más allá de las consecuencias que podría tener en el intercambio de información sensible de Inteligencia sobre amenazas yihadistas, y del descrédito internacional de España, el enloquecido comportamiento de Sánchez en Israel desvela a un hombre fuera de control, alérgico a cualquier atisbo de moralidad, y dispuesto a toda ocurrencia atroz que le atraviese, cual estrella fugaz, la sesera. Y apuesto a que entre esas ocurrencias atroces hay tres prioridades: acabar con las movilizaciones en la calle, arruinar a los medios críticos, y propinar castigos públicos ejemplarizantes a los líderes mediáticos de la resistencia al golpe.

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