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EDITORIAL

Yolanda Díaz quiere comprar votos

Su objetivo no es otro que incrementar y extender los subsidios de desempleo, el modelo asistencial que cubre a los parados cuando agotan la prestación contributiva.

Arranca la legislatura, pero con los mismos errores y dislates de la pasada e incluso peores. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ya ha avanzado cuál será la primera medida que pondrá en marcha en este nuevo mandato y la idea en cuestión no puede ser peor. Su objetivo no es otro que incrementar y extender los subsidios de desempleo, el modelo asistencial que cubre a los parados cuando agotan la prestación contributiva.

La líder de Sumar pretende, entre otras cosas, elevar la cuantía a 660 euros al mes durante el primer semestre y a 540 el segundo para, finalmente, mantener una paga de 480 euros hasta la extinción del subsidio. Y, por otro lado, quiere aumentar el número de beneficiarios, ampliando su aplicación a los menores de 45 años sin cargas familiares y a todos los eventuales del sector agrario, más allá de andaluces y extremeños, de modo que la población total superaría el millón de personas, un tercio de los parados actuales.

Se trata de una pésima idea, se mire por donde se mire. En primer lugar, porque supone un incremento muy sustancial del gasto público, a pesar de que España tiene uno de los agujeros fiscales más grandes de la zona euro y la deuda pública ronda el 110% del PIB, lo cual resulta insostenible a medio y largo plazo. En segundo término, porque el reparto y la extensión de paguitas a cargo del erario público no beneficia en nada a los parados, sino todo lo contrario, puesto que cronifica su situación de desempleo y dependencia a cambio de meras migajas, al tiempo que incentiva aún más la economía sumergida.

Lo que pretende Díaz, en última instancia, es emular el ruinoso y nefasto PER agrario de Andalucía y Extremadura, un sistema por el cual personas perfectamente válidas y capaces de trabajar se quedan mano sobre mano para cobrar un subsidio, cuyo coste, sin embargo, sale del trabajo y esfuerzo del resto de españoles. Eso no es solidaridad, es simple y llana sinvergonzonería alentada por el Estado. Supondría mucho más gasto improductivo y absolutamente innecesario a fin de que algunos ciudadanos vivan a costa de otros, por obra y gracia de la arbitrariedad gubernamental, con el consiguiente aumento de la carga fiscal. Más gasto significa siempre más impuestos.

Pero es que, además, una cosa es el gasto destinado a la financiación de servicios básicos, como puede ser educación, sanidad, justicia o seguridad, y otra muy distinta despilfarrar el dinero de todos con el único fin de mantener sine die en el paro a personas que, en realidad, pueden y deben trabajar. De hecho, son muchos los que, cobrando un subsidio, trabajan en el mercado negro para evitar la pérdida de este particular complemento público, lo cual es un clamoroso fraude.

Además, la intención de Díaz no es, en ningún caso, que esta gente encuentre trabajo, sino que se mantenga dependiente del Estado. Así pues, mientras el Gobierno alimenta e incentiva el paro con el dinero de los contribuyentes, muchas empresas tienen problemas a la hora de encontrar personal. Esta es una de las grandes paradojas del mercado laboral español: con la tasa de desempleo más alta de Europa, hay cientos de miles de puestos de trabajo vacantes porque los parados, a base de subsidios, no tienen necesidad de trabajar.

La culpa, desde luego, no es de los beneficiarios, sino del Gobierno y, más concretamente, de una ministra cuyo único objetivo es comprar votos con el dinero de los demás. No es nuevo. Es lo mismo que ha hecho el PSOE durante décadas en Extremadura, Andalucía y Asturias para mantenerse en el poder. Y es lo mismo que ha hecho el peronismo en Argentina para perpetuarse durante 80 años. Pagas, subsidios y prestaciones de todo tipo para que una parte de la población dependa económicamente del Estado y, por tanto, de los políticos de turno, a costa, eso sí, de expoliar fiscalmente a trabajadores y empresas, la parte productiva del país. Esto tan sólo conduce a la ruina y a la miseria de todos.

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