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Pablo Planas

En manos de un tal Galindo Vélez

Ni los de Junts ni los de ERC se lo pueden creer y no saben ya qué pedir que no les vaya a conceder el PSOE a través del Gobierno.

Ni los de Junts ni los de ERC se lo pueden creer y no saben ya qué pedir que no les vaya a conceder el PSOE a través del Gobierno.
Santos Cerdán, Pedro Sánchez y Miriam Nogueras. | EFE

Los partidos independentistas disponen de un mediador, cada uno el suyo, porque negociar sin la tutela de un verificador de solvencia contrastada para ellos es como un pan sin sal. Y cuanto más internacional sea el mediador, más empaque cobra lo que apañen Santos Cerdán y Miriam Nogueras en nombre de sus respectivos señoritos. Y lo mismo ocurre con ERC, al que se le puede aplicar el dicho de culo veo, culo quiero. Las operaciones del PSOE, que son las del Gobierno en realidad, con los señores separatistas de Junts están bajo la observancia de quienes dieron su visto bueno a que el "desarme" de la banda terrorista ETA consistiera en la solemne entrega de una caja de zapatos con varios pistolones oxidados de la Primera Guerra Mundial, la fundación suiza Henri Dunant.

La cabeza visible de la peculiar entidad para el "proceso de paz" entre el Gobierno y el principal golpista del 17 es el diplomático salvadoreño Francisco Galindo Vélez, hombre de exquisitos modales que ya participó en las conversaciones entre los terroristas colombianos y las autoridades de aquel país. Y ha sido especial y cuidadosamente seleccionado por la parte de Puigdemont. Dados sus orígenes y trayectoria, el señor Galindo, míster Lobo para los indepes, más bien podría mediar entre Junts y ERC, las maras del independentismo que mantienen un conflicto de intensidad retórica similar a la de los salvatruchas contra los del barrio 18 y viceversa. Los recelos entre socialistas y separatistas no son nada en comparación con la inquina y odio bereber que se profesan los latin kings de Junqueras contra los trinitarios de Puigdemont.

El ridículo de Sánchez y por nefasta extensión de España es descomunal. Negociando con criminales en ese Port Royal de la piratería de nuestros días que es Suiza, donde Marta Rovira es considerada una "refugiada política" y la excupera Anna Gabriel ya dirigía un sindicato meses después de haber recalado en el país. Ocurre que con el presidente del Gobierno nunca es posible decir que no se puede caer más bajo. Claro que se puede caer más bajo, por lo que habrá que estar atentos al nombre del verificador de ERC, que fiel al antedicho refrán del orto también quiere reunirse en Suiza, aunque en teoría la mesa republicana era entre gobiernos, no entre partidos. Un matiz menor, seguro.

En cualquier caso, las negociaciones entre unos y otros van viento en popa. Los independentistas de una y otra facción están sorprendidos de la ductilidad sanchista. El propio Sánchez dice que la no renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) es un caso de lawfare pepero de manual. El ministro Bolaños añade que está claro que ha habido lawfare y que es función de las comisiones parlamentarias de investigación denunciar ante la Fiscalía a los jueces señalados por el independentismo. Pobre Justicia. No saben lo que se les viene encima.

Ni los de Junts ni los de ERC se lo pueden creer y no saben ya qué pedir que no les vaya a conceder el PSOE a través del Gobierno: la amnistía, los impuestos, la deuda "histórica" de España con Cataluña, la retirada del Ejército, de la Policía Nacional y la Guardia Civil, la cesión de todo el patrimonio del Estado en la región, el control de puertos y aeropuertos, los trenes, esa nimiedad en manos de Óscar Puente. Y un referéndum de autodeterminación. Estamos en manos de Galindo Vélez. Territorio suizo.

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