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Emilio Campmany

Es Falciani, no la Justicia

Que el Gobierno suizo no quiera entregar a Marta Rovira no es otra cosa que una merecida venganza por la injusticia que contra ellos cometimos.

Que el Gobierno suizo no quiera entregar a Marta Rovira no es otra cosa que una merecida venganza por la injusticia que contra ellos cometimos.
Dolores Delgado. | Europa Press

El Gobierno y sus socios se han puesto muy contentos de ver la respuesta que Suiza le ha dado al juez García-Castellón cuando éste ha pedido empapelar a Marta Rovira por las acciones violentas de Tsunami Democràtic. Sin embargo, al informar, la prensa sanchista ha querido ver un rapapolvo de la justicia helvética al odiado García-Castellón. Concretamente, La Vanguardia titula: "Suiza cuestiona la investigación de García-Castellón de Tsunami Democràtic". Y El País, de forma muy parecida, dice: "Suiza cuestiona la investigación por terrorismo de García-Castellón en el ‘caso Tsunami’". Ambos mienten. Para empezar, no aclaran en los dos titulares que quien cuestiona no es la Justicia suiza, sino el Gobierno suizo, a través de la oficina encargada de tramitar las peticiones judiciales de colaboración internacional. Luego, la susodicha oficina no cuestiona nada relacionado con Tsunami, sino que considera que lo que aporta el juez no prueba suficientemente la participación de doña Marta en los hechos investigados y organizados por Tsunàmi. Y, desde luego, no se pronuncia en absoluto acerca de si aquello fue o no terrorismo.

Así que, la respuesta suiza no desautoriza en absoluto la apreciación del juez como no sea en cuanto a la implicación de Marta Rovira, que es a quien se refiere la petición del juez español. Y lo hace, en todo caso, desde un órgano no jurisdiccional. Nada dice de que aquello fuera terrorismo o no y mucho menos de la implicación de Puigdemont. También se niega a dar datos de una cuenta bancaria, que es cosa que no puede extrañar tratándose de Suiza, aunque el titular fuera el mismísimo Eichmann. En otras circunstancias y de haberse tratado de una cuenta de un evasor fiscal, ambos periódicos habrían puesto el grito en el cielo por la negativa a colaborar.

Lo que no dicen ninguno de los dos periódicos, ni ningún otro, salvo error u omisión, es que Suiza no está haciendo otra cosa que pagarnos con la misma moneda con la que nosotros nos negamos a entregar en dos ocasiones, en 2013 y en 2018, a Hervé Falciani, acusado de haber robado datos de los clientes del banco donde trabajaba y condenado en rebeldía a cinco años de cárcel. La Fiscalía española defendió que no debía ser extraditado porque el delito del que se le acusaba en Suiza no lo era en España, como si aquí fuera legal que los empleados roben datos de los clientes del banco donde trabajan. La autora de tan extravagante doctrina era una por entonces casi desconocida Dolores Delgado. Aquellos datos hurtados, que Falciani dice que se llevó para perseguir el fraude fiscal, como si de un Robin Hood de la inspección se tratara, sirvieron en España para encausar a varios evasores y recaudar, según Hacienda, 250 millones de euros en la época de Cristóbal Montoro, a quien Dios confunda. Sin embargo, el primer sitio al que Falciani huyó no fue a España, martillo de evasores, sino a Beirut, quizá a vender lo robado a la sucursal que allí hay del banco para el que trabajó. Como no pagaron, luego se fue a Francia y finalmente a España, donde recibió toda la protección de nuestro Gobierno a cambio de los datos sustraídos. Finalmente, el Tribunal Constitucional dio el visto bueno a que se persiguiera a los contribuyentes con datos robados de un banco a pesar de que, en España, la ley dice que las pruebas obtenidas ilegalmente no pueden utilizarse contra los ciudadanos.

Que el Gobierno suizo no quiera entregar a Marta Rovira no tiene por tanto nada que ver con que el juez tenga o no pruebas contra ella ni si en Suiza les parece o no que lo de Tsunàmi fuera o no terrorismo, sino que no es otra cosa que una merecida venganza por la injusticia que contra ellos cometimos. Así que, menos lobos, leguleyos de tres al cuarto.

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