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Pedro de Tena

La toxicidad moral del separatismo en España

Después de la guerra civil, el separatismo desarrolló tácticas terroristas en Galicia (UPG), País Vasco (ETA) y Cataluña (Terra Lliure).

Después de la guerra civil, el separatismo desarrolló tácticas terroristas en Galicia (UPG), País Vasco (ETA) y Cataluña (Terra Lliure).
Gabriel Rufián, Arnaldo Otegi, Oriol Junqueras y Jasone Agirre, durante un acto político de EH Bildu y ERC en Durango. | Europa Press

Acabamos de conocer otro asesinato atribuido al Kremlin de Vladimir Putin. Alexei Navalny, opositor tenaz a su tiranía, tras un calvario represivo, murió el pasado viernes en una prisión rusa. No se sabe cómo, ni la familia ha podido ver todavía el cadáver. Hasta el ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Stéphane Séjourné, ha afirmado que Navalny "pagó con su vida" por su "resistencia contra la opresión rusa".

No es el primero ni será el último. Se dice que en política no hay coincidencias. Putin lleva 24 años en el poder ruso y durante su mandato han sido asesinados, de diferente modo, más de cien opositores, oligarcas, periodistas o funcionarios conocidos (los desconocidos no se han contado), casi siempre en circunstancias sospechosas en territorio ruso o en otros países. No hay lugar en el mundo para esconderse.

La BBC ha hecho un informe sobre las víctimas que puede consultarse. Recordemos a la periodista Anna Politkóvskaya (2006), Alexander Litvinenko (2006),Stanislav Markélov y Anastasia Babúrova (2009), Natalia Estemírova (2009), Boris Berezovksy (2013), Boris Nemtsov (2015)… Hay muchos más y muy pocos han logrado salvar la vida (el exespía doble Serguéi Skripal y su hija Yulia fueron envenenados con novichok en la ciudad inglesa de Salisbury por agentes rusos, según el gobierno británico).

Es el gobierno por el terror. Hay quienes se sienten con derecho inhumano a asesinar impunemente a otras personas sin proceso judicial alguno por el mero hecho de que disienten de sus postulados o sus medidas de gobierno. Son los terroristas que nunca han creído en los derechos humanos. La persistencia del terror en el siglo XXI es una infamia moral y una muestra de enemistad hacia los valores de la civilización asentada en valores como el "No matarás"(muchas naciones democráticas tienen derogadas las viejas legislaciones que consentían la pena de muerte). De la democracia ni hablamos. Todo terror es incompatible con ella, por principio.

Los pactos de Puigdemont con el terror ruso que representa Putin, como los pactos de otros terroristas con otros gobiernos del terror, dan una idea de la toxicidad moral que despide el separatismo en España. Ahora, como reconoció el ex macho alfa de Pudimos (los derechos de autor del pretérito indefinido son del socialista Emiliano García Page), ahora no mola hablar de ciertas cosas, como la dictadura del proletariado. Tampoco mola, claro, hablar de terrorismo y separatismo.

Muchos, incluso en textos para el Bachillerato, hablan del terrorismo nacionalista en España situándolo temporalmente en la época de la dictadura de Franco. Con ello, pretende justificarlo de algún modo por aquello de la teoría de la moralidad del tiranicidio. Pero no es verdad. El empleo del terror, clave en la existencia de los tres separatismos fuertes que hay en España, fue practicado ya durante la II República contra quienes estorbaban la revolución del Frente Popular y la "liberación nacional de Cataluña, País Vasco y Galicia" que pretendía.

Es más, el PNV y Esquerra Republicana de Cataluña llegaron a disponer de centros milicianos o checas en Madrid y Barcelona. El PNV se indigna ante la afirmación de que pudieran disponer de una o dos checas en Madrid, pero, ¿por qué hablar entonces de milicias vascas en un local de la calle San Jerónimo 32, si se dedicaban a salvar a gente de las torturas o la muerte en las checas como difunden? Ninguna duda cabe sobre Esquerra y otros partidos separatistas que tuvieron el terror y el asesinato como eje. El expresidente de la Generalidad, Quim Torra, heredero de Puigdemont, admira a Daniel Cardona, racista antiespañol y jefe de la checa de Rambla de Cataluña, 26. En las checas catalanas se asesinaron a 50 personas cada día.

Después de la guerra civil, el separatismo desarrolló tácticas terroristas en Galicia (UPG), País Vasco (ETA) y Cataluña (Terra Lliure). Precisamente, la candidata del BNG Ana Pontón es dirigente de Unión del Pueblo Gallego, comunista y patriótico, que en los años 70 derivó en un Fronte Armado ayudado por ETA, organización con la que le unían fuertes lazos políticos, ahora traspasados y blanqueados a Bildu.

Hasta el "padre de la patria andaluza" escribió en su libro, de totalitario y revelador nombre, La dictadura pedagógica: "No temblaría nuestro pulso. Conscientes de lo que significa la Dictadura Pedagógica, nos complaceríamos en firmar, para defender la Vida, muchas sentencias de muerte". Eso sí, no a lo loco causando crímenes inútiles, como hacen las dictaduras burguesa y proletaria, sino ejecutando selectivamente a las órdenes de la dictadura "natural" de los superiores "aristodemócratas" como él[i].

A la toxicidad del nacionalismo/separatismo unido al terror físico (que ahora no mola), racial, social, educativo y cultural –nada de extraño hay en la vinculación de Puigdemont con la Rusia de Putin, que tiene hondas raíces anteriores—, hay que defender la Nación española que, con sus defectos, es muy superior moral y democráticamente y es la única garantía de un futuro en libertad y solidaridad. Ganar unas elecciones no es suficiente, como ya se ha demostrado. Es esta defensa sistemática, persistente, intelectual, ética y combativa la que puede salvar nuestro derecho a la continuidad, el principal de los derechos, como apuntó Ortega.


[i] Léase con atención el apartado titulado de su libro "¿De qué clase saldrán los dictadores?" y anótese que la finalidad explícita de su pedagogía era el triunfo del comunismo, eso sí, comunismo no obligatorio sino "de donación".

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