Podemos ha decidido arrojar la toalla en Cataluña. La formación de Pablo Iglesias, Ione Belarra e Irene Montero renuncia a presentarse por falta de músculo y fuelle electoral en una región donde alcanzó gran predicamento y notoriedad años atrás. Las recurrentes crisis internas, los enfrentamientos entre Ada Colau y Pablo Iglesias, el afán de protagonismo de la exalcaldesa de Barcelona y su sintonía con Yolanda Díaz minaron el proyecto y han mermado la presencia de Podemos en Cataluña, lo que no deja de ser una buena noticia en un lugar donde no son habituales.
La renuncia a presentarse en las elecciones no estaba en el guion. Podemos, Podem en catalán, había anunciado que se presentaría e incluso había celebrado ya sus primarias, aunque no ha informado del resultado. Sin embargo, la dirección de Podemos ha impuesto el punto y final de la formación morada en Cataluña para centrar todos los esfuerzos y recursos en las elecciones europeas, donde está en juego la carrera política de Irene Montero.
El fin de Podemos en Cataluña forma parte de un cuadro crítico para la izquierda a la izquierda del PSOE. No debe interpretarse en absoluto como una victoria del llamado "yolandismo", porque el referente de Sumar en Cataluña, el partido En Comú, también ha soltado amarras, o lastre, según se mire, en relación a la plataforma cada vez más fracturada de la vicepresidenta segunda del Gobierno. Los apoyos de Pedro Sánchez se cuartean sumidos en batallas propiciadas por la pavorosa inconsistencia política de Yolanda Díaz, peleada no sólo con Podemos sino con casi todos los partidos que integraron la plataforma.
La fragmentación de la izquierda es otra buena noticia para España toda vez que supone el debilitamiento de un "espacio" político fundamental para entender el deterioro institucional y político del sistema, sometido a los arreones populistas de una extrema izquierda azuzada por Sánchez. Ada Colau perdió el Ayuntamiento de Barcelona, las encuestas apuntan a un retroceso de En Comú en las próximas autonómicas y Podemos renuncia a presentarse. El declive es evidente, parece irreversible y afecta a Sánchez.

