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Alberto Javier Tapia Hermida

De la negligencia a la necedad

El examen de la política exterior desarrollada por España respecto de Israel y Argentina nos incita a preguntar: ¿hay un médico económico en la sala?

El examen de la política exterior desarrollada por España respecto de Israel y Argentina nos incita a preguntar: ¿hay un médico económico en la sala?
Pedro Sánchez junto al ministro de Exteriores, José Manuel Albares. | Europa Press

En estos últimos días, la política exterior de España se ha deslizado desde el error grave y negligente a la necedad irremisiblemente dañosa para nuestros intereses objetivos como Estado miembro de la Unión Europea, adoptando una postura estrafalariamente peligrosa.

En particular, nuestra política exterior ha profundizado, de manera que nos parece por completo inexplicable, en el abismo de nuestras relaciones diplomáticas presentes con Israel y con Argentina. En nuestra inocencia, la opinión que publicamos en este diario el pasado lunes, que llevaba por título Por qué no es inteligente enfrentar la política exterior de España con Israel y con Argentina, acababa diciendo: "Si esta opinión ha contribuido, aunque sea mínimamente, a restablecer las relaciones de España con Israel y con Argentina, nos damos por sobradamente satisfechos".

Pues bien, como si una Ley de Murphy diabólica se hubiera apoderado de nuestro país desde entonces, todo lo que ha podido salir mal, ha salido peor. Por ello, también hoy queremos ofrecer a los lectores nuestro diagnóstico de situación desde presupuestos racionales, alejados de emociones fangosas.

¿Hay un médico económico en la sala?

Sin entrar en el detalle de las enormes cifras de las transacciones comerciales y de las inversiones de las empresas españolas en ambos países, el examen de la política exterior desarrollada por España respecto de Israel y Argentina nos incita a preguntar: ¿hay un médico económico en la sala?, como si de un episodio de ataque al corazón económico de España se tratara.

El necio enfrentamiento de la política exterior de España con Israel: errores de oportunidad y de asimetría

Todos los titulares de la prensa recogen la noticia de que el presidente del Gobierno confirmó durante su comparecencia en el Congreso de los Diputados de este miércoles día 22, que España reconocerá el Estado palestino el próximo martes día 28; junto con Noruega e Irlanda.

Un análisis racional de este anuncio nos revela dos tipos de errores. En primer lugar, un manifiesto error de oportunidad, porque resulta evidente que estamos ante una precipitación, al margen del resto de democracias europeas relevantes en la UE.

En segundo lugar, un error de asimetría, que queda en evidencia cuando comparamos las reacciones de desagrado de los EEUU y del propio Estado de Israel con la inmediata felicitación al ejecutivo del Reino de España por parte de organizaciones terroristas nacionales e internacionales, con "hojas de servicio" cargadas de sangre de inocentes y de crímenes contra la Humanidad, recientemente renovados son imágenes de una crueldad nauseabunda. Estas felicitaciones son el termómetro infalible o la "prueba del nueve" de la necedad de la medida.

En este punto, nos preguntamos asombrados: ¿es consciente la Vicepresidenta del Gobierno del Reino de España de que, cuando repite en las redes sociales el eslogan utilizado por otras ministras del Gobierno y por grupos terroristas de que el nuevo Estado palestino debe extenderse desde el Río Jordán hasta el Mar Mediterráneo está asumiendo la masacre implícita del Pueblo de Israel, esto es, la eliminación física de un Estado democrático y soberano con el que España mantiene relaciones de amistad seculares?

El necio enfrentamiento de la política exterior de España con Argentina: errores de proporción

La prensa de estos dos últimos días recoge la decisión de retirar "sine die" (o sea, "in aeternum") a nuestra embajadora en Argentina. Dejando al margen la peculiaridad de una retirada de nuestra embajadora hasta el fin de los tiempos, es lo cierto que la medida nos parece desproporcionada respecto de su causa y respecto de los estándares normales de la política exterior de los países civilizados.

Decimos, en primer lugar, que la medida nos parece desproporcionada respecto de su causa porque en su origen está la alusión del presidente de Argentina a la presunta corrupción de una persona familiar cercana al presidente de nuestro ejecutivo que vino antecedida por acusaciones manifiestas de un miembro del mismo ejecutivo a la presunta drogadicción del presidente de Argentina y por su calificación de fascista por el mismo presidente indirectamente afrentado.

Decimos, en segundo lugar, que la medida nos parece desproporcionada respecto de los estándares normales de la política exterior de los países civilizados porque vemos que no se ha adoptado ante situaciones bélicas con daños graves a la población civil indefensa de otros países reconocidas por el mismo ejecutivo.

Nuestra confianza en las personas nos lleva a mantener la esperanza —que dicen que es lo último que se pierde— en que los puentes —neciamente dinamitados— de nuestras relaciones con Israel y con Argentina puedan ser pronto reconstruidos.

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