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El Real Madrid y la política catalana

Las victorias del equipo blanco son una de las cosas que más minan la moral a los políticos y en los medios de comunicación catalanes.

Las victorias del equipo blanco son una de las cosas que más minan la moral a los políticos y en los medios de comunicación catalanes.
EFE

Los años más duros del procés fueron los mejores del F. C. Barcelona de Negreira y de Messi. Hay abundante documentación, millones de artículos y noticias que establecían una relación de causa y efecto. El Barça se convirtió en un emblema del independentismo mientras Messi metía goles a paletadas en una Liga corrompida por los árbitros culés. En cuanto a las Copas de Europa, las Champions, el jugador argentino logró cuatro de las cinco que tiene el club catalán. Ese Barça con Messi jugaba además de una manera bastante vistosa, lo que degeneró en una teoría sobre la superioridad estética de las victorias del Barça frente a las del resto de los equipos. El típico desvarío supremacista, como lo de mear colonia.

El procés no ha acabado ni mucho menos. Ha mutado, ha infectado la política nacional y aún faltan interesantes episodios que a buen seguro deparará la aplicación de la ley de amnistía. Lo que sí se acabó fue aquel Barça de Messi, cuya salida del club todavía no se ha superado en Cataluña. Nadie sale bien de ese club. Ni Kubala, ni Cruyff, ni Messi, sin los que el Barcelona sería un simple equipo de fútbol. El drama para los aficionados azulgranas es doble porque la decadencia de su equipo coincide con el aplastante dominio del Real Madrid de las seis Copas de Europa y las nueve Champions League.

El asombro que causa el Real Madrid en Cataluña es infinito. Las victorias del equipo blanco son una de las cosas que más minan la moral a los políticos y en los medios de comunicación. En las tertulias Florentino Pérez es casi tan vilipendiado e injuriado como Isabel Díaz Ayuso. Cualquier cosa que hagan o digan es motivo de crítica. Igual que cuando no hacen y no dicen. Y luego ese Real Madrid de Vinicius que les saca de quicio. Odiaban a los Ronaldos como odiaron a Figo y ahora a Vinicius. En fin, que el domingo no fue un buen día para el independentismo ni en los medios de información afectos a la causa. El lunes, tampoco.

El antimadridismo está muy extendido, es transversal en los medios, pero las retransmisiones de los partidos del Real Madrid de la emisora Rac 1, del grupo Godó, el grande de España, se están haciendo cada vez más célebres y no solo en Cataluña. La rabia que les causa a los comentaristas el conjunto merengue es un todo un espectáculo. Odio, desprecio, repulsa, aversión, fobia, el catálogo entero de sinónimos del término asco son los ingredientes de la narración y los comentarios, un compendio de bilis y materia séptica cada vez más popular entre los madridistas de Cataluña y del resto de España. La red social X va hasta arriba de esos audios en los días de partido y posteriores. El conde debe estar encantado. Más dinero para la caja. Y es que hay catalanes que de las piedras hacen panes.

El asunto les delata. Refleja perfectamente el resentimiento del sector de la sociedad catalana que odia a España y ejerce una catalanidad desconfiada y victimista. Pero que nadie vea en estas líneas la más mínima intención censora. Adelante con los faroles. Cada uno es dueño de sus fobias y desde que se popularizó esa manera de retransmitir en Cataluña los partidos del Madrid este no hace más que ganar orejonas. Quince. Diez más que el club de la raza superior.

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