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Emilio Campmany

Begoña es libertad

Hay que acudir a las urnas a votar al PSOE para que se salve Begoña y, con ella, la democracia y, por supuesto, la libertad.

Hay que acudir a las urnas a votar al PSOE para que se salve Begoña y, con ella, la democracia y, por supuesto, la libertad.
Begoña Gómez en pie aplaudiendo, aparentemente despreocupada, durante el mitin de las europeas en Benalmádena. A su lado, Sánchez y María Jesus Montero hacen lo propio. | Europa Press

Begoña encarna hoy, no ya el socialismo ni la democracia, sino la misma libertad, amenazada por la conspiración de la derecha (Feijóo), la extrema derecha (Abascal) y la extremísima derecha (Alvise). Censurar su desahogo con el que apoya a empresas para que pasten en el prado de los contratos públicos, después de haber recibido inmerecidos estipendios, es un ataque a la libertad. Reprochar el modo en que se adueña de la propiedad industrial de otros es igualmente una agresión a la libertad. El juez que investiga sus actividades es un enemigo de la libertad. Quienes cuentan estos desmanes sin escribir una frase denunciando la injusticia que padece Begoña desdeñan la libertad. Si Delacroix viviera, pintaría a Begoña, a pecho descubierto, guiando al pueblo, enarbolando, en vez de una bandera francesa, otra solamente roja con el puño y la rosa. El mensaje es claro: Begoña está en peligro y, por estarlo Begoña, lo está también la libertad y hay que acudir a las urnas a votar al PSOE para que se salve Begoña y, con ella, la democracia y, por supuesto, la libertad.

¿Le saldrá bien a Sánchez esta disparatada táctica? A lo mejor sus electores olvidan que en España hay constantes investigaciones criminales por mucho menos de lo que ha hecho Begoña. A lo mejor prescinden de que no es sólo un juez facha el que sospecha que quizá Begoña haya cometido un delito, sino que también se lo barruntan la Audiencia Provincial de Madrid y la Fiscalía Europea, convencidas ambas de que los hechos bastan para justificar una investigación. Quizá no se den cuenta de que el comportamiento que realmente se está poniendo en tela de juicio no es el de Begoña, que ya se ve que es un alma de Dios sin malicia ni picardía, que se deja manipular por su marido cuando le coge tiernamente la mano. La conducta bajo escrutinio es en realidad la del propio Sánchez, que es el aforado responsable último de que se hayan concedido los contratos públicos a su amigo. El tal Barrabés parece tener un modus operandi consistente en concurrir a concursos públicos en unión temporal a otras empresas que aportan su capacidad para ejecutar el contrato mientras él contribuye con la seguridad de que el contrato será adjudicado. Y Barrabés no es sólo amigo de Begoña, lo es sobre todo de Sánchez.

El caso clama más al cielo si comparado con lo que el PSOE sanchista le hizo al pobre José Luis Ábalos, al que nadie le ha imputado todavía nada y que, a la primera sospecha, salió despedido de forma fulmínea al Aventino del Grupo Mixto. A lo mejor el capaz secretario de Organización, cooperador necesario en la toma del poder en el PSOE por parte de Sánchez, piense que para evitar ser defenestrado tendría que haberse casado con Pedro Sánchez o convertirse al menos en su pareja de hecho, aunque no sé cómo habría quedado su careto en el cuadro de Delacroix guiando al pueblo. O quizá piense que le hubiera bastado formar parte del grupo de los Pepiño Blanco boys, aunque también para eso está muy lejos de poseer el porte que se exige.

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