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Cristina Losada

La victimización de Sánchez funciona

Cinco años es un plazo horriblemente largo para la dirigencia socialista. Ni lo tendrán en cuenta. Nunca miran atrás.

Cinco años es un plazo horriblemente largo para la dirigencia socialista. Ni lo tendrán en cuenta. Nunca miran atrás.
Pedro Sánchez, que se declaró "profundamente enamorado" de su mujer, intercambia miradas arrobadas con Begoña Gómez, convertida en acicate electoral para el 9 de junio. | EFE

Con un volantazo característico, los socialistas han pasado del gustazo que se iban a dar obligando a Feijóo a morder el polvo, al gustito de resistir de rodillas la prueba de las europeas. Se han apropiado de algo que dijo Cela cuando recibió el premio Príncipe de Asturias en 1987, dirigiéndose al ahora Rey: "En España —y os lo digo, Alteza, porque sois joven y español— el que resiste, gana". Se lo habrán apropiado sin saber. La literatura socialista es más pulp fiction.

El partido de Sánchez ha podido vanagloriarse de su resistencia, aunque sin festejos ni paseo triunfal del hombre enamorado, gracias a que la victoria del PP no ha sido arrolladora. Estamos ante una ganancia que se certifica escasa si se atiende no a las virtudes del PP, sino a los vicios del Gobierno. Y, como en el 23J, los socialistas han evitado el gran castigo que se veía venir, revirtiendo la tendencia en el curso de la campaña. Hace años, las campañas no tenían casi efecto: la mayoría sabía de antemano a quién iba a votar. Ahora, hay menos votantes leales y, por eso, más influenciables en el tramo final. Lo que no ha cambiado es que el que está en el poder, sale con ventaja.

Dudas había, y curiosidad, por ver cómo influiría el estrambótico episodio de los cinco días y el caso, en fin, de la mujer del presidente. Sobre cómo lo encaró el interpelado no hay duda alguna: se hizo la víctima de una conjura de la reacción. Lanzó dos gritos: ¡vienen a por mí! ¡Defendedme! Míster Handsome como víctima resulta inverosímil, pero quién va a pedir verosimilitud a la pulp fiction. La cuestión es que un presidente que no es popular y carece de cualquier rasgo carismático encuentra el camino para llegar al corazoncito, un corazoncito que ya estará predispuesto, pero que necesita un empujón: el toque kitsch, la cursilería que une, Free Bego.

La victimización se ha hecho por duplicado, como las cartas. Por si no era suficiente con una dosis, hubo dos. Y se aprovechó todo: hasta la citación del juez Peinado vino al pelo. Se usó para corroborar que el juez, como cualquier otro, está conchabado con la reacción. Cuántos de los cinco millones y pico de votantes se mostraron sensibles y sensibleros ante la situación límite del protagonista de la ficción, no lo sabemos. Sí sabemos que más de dos millones de personas que votaron al PSOE en las europeas de 2019, no fueron sensibleros ni sensibles. Dos millones de votantes es lo que Sánchez le ha hecho perder a su partido en cinco años. Y el partido está eufórico. Claro que cinco años es un plazo horriblemente largo para la dirigencia socialista. Ni lo tendrán en cuenta. Nunca miran atrás. Se quedarían de piedra. El tempo del sanchismo es a ver qué truco se nos ocurre para sobrevivir el día siguiente.

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