
Pactar con el PSOE sigue remitiendo preventivamente a la fábula del escorpión y la rana. El arácnido pidió al batracio que le ayudara a cruzar un río sobre su espalda garantizando que no usaría su aguijón pues ambos se hundirían sin remedio. Convencida la desconfiada rana, el escorpión acabó picándola con la única explicación de que está en su naturaleza hacerlo.
La salvedad en la versión política es que el escorpión socialista ha aprendido a nadar y su irrefrenable impulso no le supone la muerte. Son la mentira y el engaño hechos profesión desde hace décadas. Es Sánchez y su aguijón.
La jugada de Feijóo supondría entender que el letal veneno del artrópodo socialista sería ya una débil ponzoña que apenas provocaría una erupción, cosa difícil de creer. Lo que ha conseguido el líder del PP es un éxito en terreno hostil pero no es todavía la solución a la independencia del Poder Judicial porque no la garantiza y, además, presenta dos riesgos: que se contenten con ello convirtiendo el remiendo en solución y que el PSOE termine usando su aguijón —hay mil formas de hacerlo— para cruzar el río indemne dejando al enemigo en el fondo del río.
El asunto requiere toda la vigilancia diaria al Gobierno, al PSOE y al propio PP, pero no dolerán prendas si la estrategia terminara devolviéndonos la independencia de poderes, es decir, una victoria del liberalismo político. O algo más, una derrota del socialismo sectario.
Para perseverar en la desconfianza vigilante baste recordar algún episodio de lo que significan el puño y la puñeta, es decir, el comensalismo entre el socialismo y las togas. Sánchez llegó envuelto en ellas con la ayuda del juez José Ricardo De Prada y convirtieron una tendenciosa sentencia en la moción de censura que le llevó al poder.
El socialismo siempre ha buscado el poder manipulando el fiel de la balanza que representa la Justicia hacia su posición. Fue José Bono el primero en atisbar que sería bueno tener a un juez nada menos que como número dos de Felipe González. Lo hizo en 1993 en la finca Quintos de Mora (Los Yébenes, Toledo), ocho años después de cargarse la Ley Orgánica del Poder Judicial que observaba la separación de poderes, presentando a Baltasar Garzón como el mejor compañero de cartel.
El juez no colmó sus aspiraciones ministeriales —no pasó de secretario de Estado— y le dejó al gobierno González el regalito de los GAL en forma de sumario. ¡De qué mejor manera puede vengarse un juez corrompido! Suponemos que cuando aún albergaba un futuro en las filas socialistas podría estar ya cometiendo una suerte de prevaricación por omisión: mirar para otro lado a sabiendas de que había delito. Dicho de otra manera: si hubiera sido ministro —reclamó Interior o Justicia— se habría tragado la guerra sucia contra ETA como mera estrategia política, polvo del camino.
Garzón volvió a enfundarse la toga sin mayores complejos y, aunque enfrentado al felipismo, no rechazó sino que cultivó su imagen pública de ex ministrable. Cualquier cargo del centro derecha —por aquel entonces, sólo el PP— sabía que el de Torres era, por resumir, sociata. Un togado político. No tardó demasiado en expresarlo directamente en tribunas publicadas en El País contra Aznar. Incluso acudió a manifestaciones anti-PP —las del No a la Guerra— estando de guardia en el famoso juzgado de instrucción número 5 que tantos desechos de cinta ha generado. En la Puerta de Alcalá, ante miles de personas y estando de guardia, el juez dijo sobre la guerra de Irak: "El rumbo lo marca el pueblo y éste ha dictado sentencia contra todos los que han participado en esta macabra farsa". ¿Puede un juez pronunciar una frase como esa? Pues lo hizo. Y mientras, el despacho del juzgado permanecía vacío.
Tras reclamar la partida de defunción de Franco para su procesamiento póstumo se lio a grabar las conversaciones de los presos de la Gürtel con sus abogados. Todo un ejemplo. Lejos de invalidar el juicio, la bola de basura se convirtió en una moción contra Rajoy que, por una carambola de irresponsabilidades y miserias, nos trajo a Pedro Sánchez. Garzón se dejó la toga en el escenario del crimen, eso sí, pero el daño que hizo fue irreparable.
No hay que irse muy lejos a buscar más vergüenzas. La esposa del juez campeador (copyright Jesús Cacho), Dolores Delgado, tiene una historia igual de romántica en la rama de la acusación pública. Primero fue fiscal, luego ministra de Justicia (junio de 2018) y después fiscal general del Estado (febrero de 2020). En una doble pirueta propia de las cheerleaders, impulsada por sus amigos togados, llegó a Fiscal de Memoria Democrática (2023), cargo orwelliano donde los haya.
La independencia de la Justicia no se limita a la elección de vocales del CGPJ sino a que exista realmente separación de poderes, cosa imposible si se actúa bajo la premisa de que las togas —de jueces o de fiscales— han de mancharse con el polvo del camino. La frase es de Cándido Conde Pumpido pero su aplicación se ha generalizado.
Comenzó por las negociaciones con la banda terrorista ETA, primera señal de la rendición del Estado ante el separatismo. Entonces se reclamó "altura de miras" y que los jueces y fiscales supieran "acompañar el momento político". En resumen, orillar la justicia por un fin político que ni siquiera era loable. Aquello se tradujo en un colaboracionismo del Estado con una banda terrorista que tuvo su apogeo en el chivatazo del bar Faisán y en la protección a etarras que disponían de salvoconductos del ministerio del Interior por si la Guardia Civil, cumpliendo su labor, se topaba con ellos.
La sublimación del escándalo llegó cuando se supo que el etarra Juan Carlos Yurrebaso llevaba anotado el teléfono del entonces director general de la Policía Víctor García Hidalgo. ¿Debe un juez o un fiscal "acompañar" momentos políticos tan vergonzosos? Han sido muchos y son más los que nos esperan como se está viendo en Cataluña con el proceso golpista. ¿De qué sirve renovar un nuevo CGPJ con promesa de cambio legislativo si se están borrando delitos para conseguir un fin político personal? Eso no lo para el pacto.
Daños que ya no puede evitar el pacto
La Cataluña golpista sigue conquistando poder gracias al chantaje. La aplicación de la amnistía y el borrado de delitos que anegan el socialismo en toda España obligan a dudar siempre de cualquier atisbo de buena intención aunque sea forzada por Europa. Está en la naturaleza del PSOE controlar los poderes como bien demuestran siempre que tienen oportunidad.
Si el resultado de la negociación del PP sobre el CGPJ es, con todas las prudencias, la única que podía admitirse ahora es perentorio que cese en su cargo el actual Fiscal general del Estado. Debe exigirse todos los días. Sin adornos, con la gravedad que requiere el momento.
Álvaro García Ortiz, al borde de la imputación por la filtración de los datos del novio de Ayuso y considerado como "inidóneo" para el cargo por el CGPJ, no titubea al eliminar de la circulación a todo fiscal que se interponga en su camino. El caso más reciente ha sido el de Vicente González Mota, fiscal de los CDR que ve, como no puede ser de otra manera, un claro delito de terrorismo, incompatible con la amnistía de la vergüenza. Otro tanto sucede con la cuestión rusa, que pone la traición encima de la mesa amenazando los planes de Sánchez de borrar los numerosos delitos que emanan del golpe catalán, su seguro de vida en La Moncloa.
También es muy importante no olvidar que la corrupción acompaña al presidente Sánchez allí donde vaya. Además de sus ministros y altos cargos, su esposa y su hermano son portada diaria y documentado escándalo permanente. Se hace difícil creer que el aparato presidencial no vaya a intentarlo todo para evitar que se estreche el cerco contra Begoña Gómez y a David Sánchez. Basta ver la maquinaria de acoso político-mediático-judicial contra Isabel Díaz Ayuso para suponer que pueden hacer exactamente lo mismo pero en favor de la familia de Sánchez. Suponemos que nada de esto ha sido moneda de cambio en las negociaciones pero no sabemos si ha habido intentos de incluirlo. Otro asunto más para vigilar.
Tras el pacto, ¿dónde van a quedar los principios de legalidad e imparcialidad que requiere una Justicia independiente si la Fiscalía sigue siendo aquella que confesó Sánchez en TVE que dependía del Gobierno? ¿Qué será de la separación de poderes si el Tribunal Constitucional en manos de Conde Pumpido se convierte en la puerta trasera y política de las sentencias del Supremo? En muy poco tiempo se puede hacer un daño irreparable. Y Sánchez es experto en contar los minutos.
Alberto Núñez Feijóo ya debe pensar seriamente en gobernar y para eso sólo necesita dos cosas: un equipo capaz y creérselo. Lo segundo parece que requiere menos esfuerzo que lo primero. Sigue habiendo muchos millones de votantes esperando a ser convencidos y que ya no buscan encendidas arengas que mueren después en un mar de contradicciones. El PP, si no se equivoca buscando a los socialistas buenos, puede ser el remedio de muchas decepciones. Le quedan muchos meses de ataques y críticas por su derecha que tendrá que afrontar con seriedad y firmeza.
De momento, no debe ahorrarse celo alguno en la vigilancia del pacto y de los detalles que puedan sugerir la más mínima violación, el más sutil subterfugio. El escorpión buscará cualquier debilidad para expresar su naturaleza. Lo de menos para la democracia es que también él pudiera morir en el intento.