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Informar en el país de los ciegos

A mí lo que me urge es una reacción profesional y ciudadana. Que sean los informadores los primeros interesados en defender su independencia.

A mí lo que me urge es una reacción profesional y ciudadana. Que sean los informadores los primeros interesados en defender su independencia.
MADRID, 29/04/2024.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), durante la entrevista que ha concedido hoy lunes a Televisión Española, la televisión pública de España, horas después de desvelar que se mantenía al frente del Ejecutivo. EFE/RTVE SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO) | EFE

Se vienen enconados debates sobre el derecho a censurar a periodistas en democracia. Mucho me temo que esta va a ser una larga trinchera sin prisioneros: o se estará con Pedro Sánchez y su promesa/amenaza de "regular" las fake news, o con aquellos que ven en la cruzada del presidente un nuevo y grave recorte de libertades.

Si eres periodista con décadas de profesión a tus espaldas, tal debate no deja de tener su ironía. ¿Desde cuándo se ha podido informar en este país sin afrontar presiones? Quien dice presiones, dice purgas. Las alternancias en el poder político son inmediatamente replicadas con otras tantas alternancias en el poder de crear opinión. PSOE y PP se han repartido sistemáticamente el control de los medios públicos. No se han quedado atrás los partidos separatistas, y prueba de ello es la cantidad de exdirectivos de medios públicos catalanes que hacen cola para ser amnistiados por la gracia de Sánchez. Ya ni te digo cuando en Moncloa irrumpió Podemos como una legión famélica de poder.

¿Deben carecer los informadores de ideas? En absoluto. Sí deberían estar obligados a defender aquello en lo que crean con probidad y sin mentir. Servidora sin ir más lejos: nunca he ocultado mis simpatías proisraelíes, que no son de ahora ni son de pago, por cierto. No todo el mundo puede decir lo mismo. Pero cuando por ejemplo me tocó "cubrir" una rueda de prensa de Yáser Arafat, puse tal esmero que el señor Arafat recibió de mi pluma un trato más exquisito del que probablemente merecía. Yo tengo claro que cuando opino, opino, y cuando informo, informo. Ni mis peores adversarios, los odiadores no precisamente tímidos de mis ideas, se han atrevido nunca a acusarme de mentir. Me han podido poner a parir por lo que decía. Pero nadie dudaba de que lo decía porque lo pensaba. Y las cosas que pienso, las suelo pensar habiendo hecho todo lo posible por enterarme bien antes de abrir la boca. Que en eso se diferencia un periodista de Julian Assange, o de un vocero que va a tertulias con argumentarios ajenos bajo el sobaco.

Esa es una de las razones (no digo la única: seguro que España está llena de periodistas más brillantes que yo…) por la que no dirijo ningún ente público ni medio archisubvencionado. Eso nunca me quitó el sueño. Digamos que cuando yo empecé, estaba claro que de cierto nivel de decisión (y retribución…) no ibas a pasar sin ser de la "confianza" de alguien. Pero se podía trabajar y vivir dignamente sin pasar por el aro.

Eso cada vez es más difícil. Al periodista no sólo independiente, sino honesto, cada vez le cuesta más mantenerse a flote. Ya ni siquiera porque tal o cual político le quiera manipular o hundir. Es que muchas veces van a ser sus propios colegas los que le vean como una amenaza.

Hemos llegado a un punto en que la politización, de buen grado o a la fuerza, de demasiados periodistas (no de todos, gracias a Dios), tiene poco que envidiar a la de los jueces. Ya veremos si al final se cumple el famoso pacto de Estado para desbloquear y oxigenar la Justicia. ¿Para cuándo un pacto semejante para dejar de repartirse como un pastel RTVE, las televisiones autonómicas, los grandes conglomerados comunicativos en apuros financieros, etc?

Una vez más, cuando la derecha va, la izquierda hace años que vuelve. Yo siempre he dicho que prefería trabajar en medios más diestros que zurdos; porque en los primeros, si no eras de "confianza", podías no medrar meteóricamente. Pero en los segundos, no te dejaban acercar a la fotocopiadora. Puedo poner ejemplos muy concretos por privado si alguien siente curiosidad.

Ahora anda la izquierda preocupada por la aparición de algunas voces mediáticas de derecha, o incluso de algo más que derecha, que se sacuden los complejos y actúan con un descaro comparable al de sus compañeros más progres. Y de repente se exige a unos una imparcialidad que no rige para otros. Emerge una voluntad de censura abierta y descarnada como hace años que nadie reconocía ejercer.

Veremos cómo acaba esto. No es para fiarse un pelo de lo que va diciendo Sánchez, y que no es más que pasar a limpio las arengas de su exsocio Pablo Iglesias, cuando proponía nacionalizar todos los medios de comunicación. Así, sin anestesia.

Se comprende que haya reacción política del otro lado. Es ley de vida. Pero a mí lo que me urge es una reacción profesional y ciudadana. Que sean los informadores los primeros interesados en defender su independencia. Y los aspirantes a informados, los segundos. Porque una ciudadanía desinformada es una ciudadanía ciega. Y en el país de los ciegos, el tuerto no es el rey. Es el primer mártir.

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