
Esta vez la suma de amenazas que tradicionalmente acechan al Parque Nacional de Doñana preocupa muy seriamente. La temporada de cría de numerosas especies de aves acuáticas marismeñas ha sido sencillamente desastrosa. ¿Causas? Entre todos la mataron.
Para una parte de la población española, el Parque Nacional de Doñana es el lugar de veraneo de los sucesivos presidentes del Gobierno; es cierto que algunos políticos parecen haberle tomado afición a jugar a ecologistas pasando allí unos días de verano, pero Doñana es mucho más que eso.
Verdaderamente, si no estuviera de moda para los políticos veranear en la marisma mezclados con los científicos que allí sudan de lo lindo anillando, observando y protegiendo el entorno, no entenderíamos tal obsesión: Doñana no es una zona de recreo ni un parque temático, sino la suma de tres ecosistemas de especial valor ecológico cada uno por separado, y de interés mundial y singular si los consideramos en su conjunto. Estos ecosistemas son: el monte mediterráneo, el sistema de dunas móviles y la marisma.
Pocos españoles sospechan que las escenas más áridas de paisaje desértico filmadas para Lawrence de Arabia se captaron en las dunas móviles de Doñana, un lugar verdaderamente único; el monte mediterráneo, basado en ese sabinar por el que cruzan anualmente las carretas hacia el Rocío, es un paraíso de biodiversidad con un sotobosque característico como ese jaguarzo blanco que Goya usó como fondo para retratar a la duquesa de Alba cuando, como ahora Sánchez, visitaba el entorno.
La marisma, en eterno peligro por las sequías, la sobreexplotación y, en definitiva, por la mala gestión de los sucesivos políticos que secularmente vienen demostrando no entenderla, es el ecosistema de mayor valor mundial y especialmente frágil y acosado por los rigores de la naturaleza y la dificultad de su gestión. ¿Acabaremos con ella?
Después de superar años de sequía, cuando parece que el ecosistema marismeño va a colapsar, basta un aporte estacional de lluvias en las cabeceras del parque para que el agua que sobrevive a la extracción por los pozos ilegales, a los riegos no siempre rentables y, en definitiva, a la mala gestión, bendiga la sequedad con su benefactor riego y la llanura desecada vuelva a inundarse y con ella se llene de vida.
Buena parte de las aves acuáticas migratorias de la totalidad del continente europeo tienen su refugio salvador en la marisma de Doñana, sea como cuartel de invierno, como los gansos, o como lugar de nidificación y cría, como diversas especies de patos, porrones y limícolas. Todos dependen de la supervivencia de las zonas húmedas de la desembocadura del Guadalquivir, en definitiva, del ecosistema marismeño.
Llegan malas noticias desde Doñana en relación con los resultados de las últimas temporadas de la cría de aves acuáticas. Se registra la insoportable presión que algunos predadores ocasionales como el zorro y, sobre todo el jabalí, vienen ejerciendo sobre las especies que anidan en el suelo o en la vegetación del borde de los humedales. En algunos casos han acabado con la totalidad de las crías. De seguir así, iremos a la extinción sin solución posible.
El jabalí concretamente supone una plaga sin precedentes, no porque este porcino salvaje no haya existido con anterioridad, por el contrario: la marisma era zona habitual de cacerías con los medios románticos decimonónicos, como la captura a caballo con lanza. Así lo prueban numerosos grabados y los relatos que hablan de Doñana como un cazadero frecuentado por nobles y reyes: "Coto de Doñana" se llama todavía tradicionalmente al actual Parque Nacional de la desembocadura del "Padre Guadalquivir".
Que nadie se escandalice si oye a los paisanos del entorno marismeño hablar de Doñana como "la cacería". Durante siglos la población limítrofe, tanto gaditana como onubense y sevillana, supo conservar Doñana al tiempo que mantenía la actividad cinegética. Seguramente habrá que batir al jabalí y tratar de controlar al resto de los predadores ocasionales, como los zorros. La actual situación de Doñana necesita medios de gestión inteligentes y totalmente limpios de demagogia.
Tampoco estaría de más espantar de allí a los políticos veraneantes que juegan a los safaris de mosquitos en las instalaciones para el trabajo y la residencia de los científicos. Más vale que todos, no solamente los pertenecientes a la Junta de Andalucía, porque Doñana es un tema de interés nacional, por no decir mundial, se impliquen en la gestión de los recursos hídricos y también de la población humana del complejo entorno de lo que fue un lago en tiempos de la visita de las legiones romanas y hoy es una marisma en eterno peligro de contaminación y desecación.
No es justo hablar de Doñana sin recordar sus precedentes históricos y artísticos, como las actividades pictóricas de Goya en plenas marismas, pero también es de obligada referencia la intervención de dos eminentes científicos, los biólogos José Antonio Valverde y Francisco Bernis, que consiguieron, allá por los lejanos años sesenta, frenar el destino previsto para Doñana por la ingeniería forestal del momento.
Tal estrategia consistía en desecar la marisma y convertirla en una gran plantación maderera de eucaliptos; ambos científicos, que contaban con el máximo prestigio en su mundo profesional, escribieron una carta a Francisco Franco, a la sazón jefe del Estado, advirtiéndole de que si lo consentía, estaría en juego su patriotismo. Así como suena. ¿Qué les parece?
Franco encargó inmediatamente unos estudios que, con el apoyo internacional, consiguieron salvar Doñana del destino para el que estaba previsto. Bernis y Valverde habían hecho el milagro.
A ver si recordando que Doñana debe en buena parte su existencia a Franco espantamos de allí al veraneante Pedro Sánchez.
Miguel del Pino, catedrático de Ciencias Naturales.