
El Gobierno ha tendido la mano al PP para aprobar que sea obligatorio el reparto de inmigrantes con su habitual talante bonachón y democrático: o lo aprobáis o sois unos ultras y unos racistas. Más opciones no hay en la mano tendida, o sea. Toda la trifulca por la saturación en Canarias la han estimulado socialistas y sumandos con ese tono, un tono que excluye toda posibilidad de hablar de inmigración en serio. El Gobierno no tiene el mínimo interés en que se hable de política migratoria. ¿Cómo va a tenerlo? Primero, no puede hablar en serio de nada. Y después: es que habría que hablar de la ausencia de medidas efectivas para frenar la inmigración ilegal y de que no son capaces de armar una política que incentive la legal. En las dos caras de este asunto, Sánchez y sus socios fallan con estrépito. ¿Qué hacer entonces? Lo de siempre: reducir un problema grave a un guiñol en el que apalear a los malos, ¡ultras y racistas! mientras los buenos, ¡humanitarios y solidarios! se dan autobombo.
Ninguna idea, cero, ha salido de socialistas y sumandos para hacer frente a las crisis migratorias, más allá de cómo repartir a los que llegan. De lo único que se ocupan es de hacer de la acogida una demostración de su humanitarismo para poder echar en cara su falta a quienes pongan algún pero a sus planes. Pero nadie discute que hay que acoger a los que llegan y nadie está por confinar permanentemente en Canarias a todos los que llegan a Canarias. Sólo Vox quiere que las islas se conviertan en una especie de Alcatraz para inmigrantes ilegales. Lo esencial del problema migratorio no empieza con la llegada. Empieza antes. Empieza en los países que los inmigrantes abandonan y en los países donde mafias y contrabandistas organizan el tramo final y a veces letal de sus viajes. Los que van de humanitarios tienen que pronunciarse: ¿aprueban todo eso? ¿Les parece humanitario que vengan en frágiles pateras y cayucos por mar o que atraviesen el Sáhara en vehículos mal equipados y abarrotados de gente? ¿Es humanitario cruzarse de brazos ante un éxodo en los que tantos pierden la vida?
El portavoz López habla de los niños que salen de sus países escapando del hambre, la miseria y la guerra. ¿Por qué no estamos en esos países ayudando a los niños y a sus familias para que no tengan que marcharse así y, a lo peor, morir en el camino? El ministro Puente responde: la inmigración es una oportunidad. Pues lo será para los que llegan con vida. Y no lo es de ningún modo para los países que pierden a una parte de su población joven. ¿O está pensando Puente en que es una oportunidad para países como el nuestro porque así viene mano de obra y paga las pensiones? Sólo la inmigración legal es una oportunidad; la otra, la que llega tal y como llega a Canarias, es un juego macabro de supervivencia. Un macabro juego que gente sin escrúpulos o sin cerebro disfraza con retórica humanitaria.
La eurodiputada Montero, qué polémica humanitaria sin ella, dice que las fronteras deben ser de acogida y que no hay ningún ser humano ilegal. Bueno, muy bien, ahora nos han salido anarquistas: fuera fronteras, fuera documentos, fuera Estados. Regresemos, por no ir más lejos, al siglo XIX, cuando una persona podía viajar por todo el mundo sin pasaporte, visados y papeles, aunque eso sí, provisto de cierta cantidad de oro, a ser posible. ¿Proponen los de Podemos que toda la juventud africana se venga para España y para Europa? Vale. Que lo digan. Y que expliquen por qué hace unos años estaban histéricamente en contra —como siempre— de que jóvenes españoles tuvieran que emigrar porque en España no tenían trabajo. Entonces decían que los gobiernos que obligan a sus jóvenes a emigrar son gobiernos fracasados. ¡Organizaron una "Operación Retorno"! Typical Podemos. Los españoles, que se queden en casita, cómodos, con su trabajo y sus derechos, pero los africanos, que emigren, que dejen sus familias y sus países, se metan en cayucos y en coches hechos polvo, y si llegan con vida a la frontera de acogida, ahí estará Irene esperando, con un ramito de flores silvestres, para darles el welcome.