
"¿Sabes que la Vane se casa? ¡No me digas! ¿Con quién? No sabía que tuviese novio... No, no lo tiene. Se casa consigo misma". La conversación bien pudo producirse en Gijón, donde el pasado 6 de julio tres señoras, en plenitud de sus facultades mentales, se desposaron cada una con su mismidad. "Es algo psicomágico que marca un antes y un después", afirma Teresa Estay, que está casada con Teresa Estay desde hace cinco años y fue la wedding planner (así llaman a los que se llevan una buena pasta por organizarte un bodorrio).
En declaraciones a la Voz de Asturias, Vanessa García, que salió en la tele y fue reina por un día, reconoce que "desde que tomé la decisión siento que tengo más fuerzas y que estoy más comprometida. Para mí esto es una forma de sentirme más empoderada". Lo llaman sologamia y es una de las últimas sandeces de gentes aburridas de su aburrimiento.
Pensarán ustedes y no andarán equivocados que la analogía está un poco cogida por los pelos, pero al leer lo de la sologamia esa se me aparecieron, como en un destello fugaz, Yolanda Díaz y sus mariachis sindicales con la murga del diálogo social. Les explico por qué.
Durante muchos años el diseño y desarrollo de las relaciones laborales en España fue cosa de dos: patronal y sindicatos. El Gobierno de turno, en unas ocasiones facilitaba el dialogo, las más lo entorpecía, pero mantenía una prudente distancia y dejaba hacer a las partes. La paz social es una de las razones que explican el éxito de la Transición. Paz que no fue incompatible con momentos de gran conflictividad laboral.
Seguramente no lo recordarán, el programa electoral con el que el PP ganó las elecciones de 1996 tenía una presentación que firmaba José María Aznar. Su primer compromiso: "recuperar el diálogo social para abordar, con decisión y responsabilidad, las reformas que den vigor y competitividad a la economía española. Este diálogo debe conducir a un gran acuerdo social por el empleo". CEOE (Cuevas), CCOO (Gutiérrez) y UGT (Méndez) asumieron el encargo y propusieron al Gobierno una serie de "medidas urgentes para la mejora del mercado de trabajo y el fomento de la contratación indefinida": así se denominó el Real Decreto-ley 8/1997 de 16 de mayo que las articuló.
La prudencia y el respeto de los gobiernos socialistas a la autonomía de las partes concluyó el 29 de julio de 2008 con la firma por empresarios, sindicatos y el presidente Zapatero de una Declaración para el impulso de la economía. Puro humo que se disipó a los dos años, cuando la testarudez de la crisis marchitó "los brotes verdes" y obligó a un duro plan de ajuste. En el ínterin, al secretario general de la UGT los medios de comunicación le nombraron "vicepresidente económico en la sombra". Mal asunto para él y para su sindicato. Hace unos días Libertad Digital publicaba una entrevista con Cándido Méndez y hubiera sido interesante conocer qué sucedió en esas jornadas de mayo de 2010. Quizá en otra ocasión.
Yolanda Díaz es vicepresidenta y ministra de Trabajo. La primera comunista en la historia de España que ocupa esa cartera. Su política intervencionista, con el beneplácito de Sánchez, ha desestabilizado las relaciones laborales. La aplauden unos demagogos sindicales enchufados al presupuesto. En 2023 el entramado de organizaciones y fundaciones de CCOO y UGT recibieron 95 millones en subvenciones. Una parte importante pagada directamente por el Ministerio de Trabajo a las cúpulas sindicales para impulsar el diálogo social.
Cuando la señora Díaz lleva a la mesa de negociación el incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) tiende una trampa a los empresarios, porque no tiene voluntad de acuerdo. Utiliza la subida del SMI, que es competencia del Gobierno (obligado a consultar pero no a negociar) como elemento de confrontación. El pasado 8 de mayo repitió la jugada con la reforma del subsidio de desempleo (una exigencia de Bruselas para seguir desembolsando fondos Next Generation). La vicepresidenta transformó un apaño con sus palmeros en un nuevo ataque a la CEOE: "Trabajo firma con los sindicatos y sin el apoyo de la patronal", titulaba El País. Es un trágala… y si no tragan la exlideresa llama al fotógrafo, los dirigentes de UGT y CCOO posan sonrientes y la prensa del régimen pone el titular.
Cepyme, la patronal de la pequeña y mediana empresa, difundió el pasado 3 de julio un Manifiesto por la libertad de empresa. Es también un contundente alegato en favor de la negociación. Piden que se respete: "El diálogo bipartito garantiza el entendimiento y el consenso, procurando la paz social a la vez que la mejora de las condiciones laborales y la modernización de las empresas. Las relaciones laborales de nuestro país se cimientan en las cerca de 5.000 mesas de negociación colectiva existentes".
Acusan a Yolanda Díaz de imponer un "monólogo social" y denuncian lo evidente: "estamos asistiendo a una utilización política del diálogo social. Lo político pesa más que el interés general y se busca el acuerdo social para vestir de consenso la imposición". En respuesta, la vicepresidenta se ha reunido con Telefónica y Mapfre para que convenzan a Caramelos Paco y a los ultramarinos Hijos de Lechuga de lo felices que serán si reducen la jornada laboral.
El peronista Pepe Álvarez, de UGT, y Sordo, de CCOO, han renunciado al deber de negociar de buena fe. Figurantes de una intrigante con más pasado que futuro político. Yolanda, de wedding planner, y ellos, de ‘sologamos’, buscan ocultar su condición de dirigentes menores.