
En estas fechas caniculares muchos ciudadanos tienen su única ocasión anual de entrar en
contacto con la naturaleza… con sus atractivos y también con sus molestias y peligros.
Los animales ponzoñosos o simplemente molestos por poseer sustancias irritantes son parte inevitable de dicho contacto, de manera que no está de más tomar algunas precauciones.
Muchas picaduras de insectos son poco menos que inofensivas para la mayor parte de la
población humana, pero no es así para las personas que padecen alergias específicas para
alguna de ellas: un buen ejemplo son las que producen avispas, abejas, y otros himenópteros, generalmente voladores y zumbadores.
Quienes presenten precedentes de picaduras de insectos que hayan resultado especialmente dolorosas o duraderas, acompañadas de fiebre o con síntomas generales de intoxicación, harán bien en ser prudentes y acudir al médico, o al menos a la farmacia más próxima si sufren nuevas picaduras.
Los mosquitos y otros dípteros voladores son en la actualidad más preocupantes que antaño por la llegada de especies importadas que pueden actuar como vectores de enfermedades hasta ahora desconocidas en nuestras latitudes, como el llamado "mosquito tigre", oriundo del trópico y transmisor del temido "dengue". En localidades donde se haya constatado la presencia de este insecto (Aedes albopictus), no serán excesivas las precauciones como dormir con la protección de telas mosquiteras o emplear lociones y otros productos anti-picadura: estas últimas suelen ser suficientes para protegerse de los molestos mosquitos comunes.
Las arañas suelen inspirar un terror, a todas luces injustificado: en la fauna española la
picadura de la mayor parte de nuestras especies no es más peligrosa y dolorosa que la de una avispa; sólo una especie puede considerarse verdaderamente peligrosa, la "viuda negra
española" (Latrodectes tredecimguttatus), pero no es negra, sino negra ornada con catorce
manchas rojas, lo que la hace perfectamente identificable. Es muy rara y sólo se encuentra en la Cornisa Cantábrica. No hay que despreciar tampoco a las "arañas violinistas", de color pardo y cuerpo plano, que, en ocasiones, se ocultan en las estanterías tras los libros.
El escorpión, también llamado alacrán, es bastante más peligroso que las arañas; se oculta
bajo las piedras en lugares secos y calurosos y su picadura, muy dolorosa, produce fiebre,
náuseas y en algunos casos convulsiones. En los lugares donde abundan conviene transitar con calzado protector, nunca con sandalias o con los pies descalzos.
También es muy dolorosa la picadura de la escolopendra, que, como el escorpión, vive oculta bajo las piedras.
Como regla general, muchos animales venenosos advierten de su peligro mediante
coloraciones llamadas en ecología "aposemánticas", que suelen combinar las tonalidades
amarillo y negro o rojo y negro, (como la araña Latrodectes o las conocidísimas avispas,
aunque no todos los bichos campestres que exhiben estas libreas tienen venenos, ya que, para adquirir protección, otras especies inofensivas imitan sus colores, en un interesante fenómeno evolutivo llamado mimetismo.
Si nos trasladamos a los ambientes marinos, la mayor parte de los veraneantes acuden a la
costa advertidos del peligro que suponen los bancos de medusas o las llamadas "carabelas portuguesas", que son colonias de medusas polimórficas que cuando aparecen en aguas
costeras suelen hacerlo en gran número. La picadura de estos animales, llamados
genéricamente Celentéreos, inyecta una ponzoña contenida en miles de células urticantes en forma de cesta en la que se aloja un aguijón: científicamente resulta asombroso que unos
seres tan sencillos desde el punto de vista zoológico dispongan de unas armas ofensivas tan sofisticadas.
Lo que es menos conocido por los bañistas, es el peligro que ofrecen las aletas ponzoñosas de los peces de la familia de las escorpenas y otras afines que permanecen semiocultas en el fondo arenoso, y podemos pisar al entrar en el agua con los pies descalzos; en todas las playas en que se sospeche la presencia de peces de este tipo será conveniente entrar con aletas o zapatillas de suela de goma.
En definitiva, los ataques de la fauna veraniega se producen por tierra, mar y aire; aunque casi nunca pasan de molestas anécdotas, en contadas ocasiones pueden confabularse para
amargarnos las vacaciones. El farmacéutico puede asesorarnos sobre qué tipos de
desinfectantes u ocasionales antídotos será conveniente incluir en nuestro "botiquín de
vacaciones".
Y no olvide, antes de iniciar este agradable periodo, revisar nuestros antecedentes de alergias, incluso consultando con el médico.