Menú

¿Por qué los obreros votan a la derecha?

Hoy en día, ser progre es una creencia de lujo para pijos urbanitas.

En la magnífica serie de televisión Industry, sobre brokers en Londres, un multimillonario le explica a uno de sus subalternos: "Soy lo suficientemente rico para ser socialista". Hoy en día, ser progre es una creencia de lujo para pijos urbanitas que se consideran superiores por viajar a Nueva York como quien va a Albacete, ir a los conciertos de Los Planetas como si la Velvet Underground hubiese resucitado, ponerse tatuajes de Mickey Mouse y Frida Kahlo creyéndose una mezcla entre yakuzas y raperos del Bronx, además de esnifar cocaína mientras les preparan las tostadas a sus hijos antes de mandarlos a carísimos colegios privados, a ver si les aprueban alguna asignatura a unos niñatos que pretenden ser los protagonistas de Euphoria.

De vez en cuando entrevistan en sus programas de radio aterciopelados a alguna doctora en estudios de género con una tesis sobre Lacan y se preguntan entre preocupados y sarcásticos cómo es posible que los obreros voten a la derecha en lugar de al PSOE, Bildu, ERC, Pacma, el PC (si es que sigue existiendo) o Hamás.

El caso es que para saber por qué los obreros votan a la derecha, a un progre le basta con mirarse en el espejo para comprobar cómo él mismo ha devenido un cliché envuelto en una parodia escondido en un fraude. Una parodia de izquierdista que le produce arcadas a un obrero. Los obreros son antitéticos de los progres porque estos últimos odian a España, la creación de riqueza, los toros, el fútbol, la democracia liberal, la bandera española, el cristianismo, el arte popular, el feminismo liberal, la meritocracia… Los mismos progres que se aprovechan del Estado de Bienestar mientras se hacen las víctimas y dicen defender a los obreros esquilmándolos a golpes de impuestos y les plantan centros de "menas" mientras les sueltan monsergas sobre la solidaridad, la diversidad y la inclusión. Y si algún obrero exige que los inmigrantes se integren a los usos y costumbres nacionales, el progre les espeta desde la columna de algún medio sanchista que pedir la integración es literalmente de fascistas.

Por supuesto, el progre que no entiende cómo el obrero vota a la derecha se cree guapo, inteligente, comprometido y sensible. Toman cápsulas Nescafé originales como George Clooney (guapo, inteligente, etc.) y se encapsulan en trajes muy ceñidos como Pedro Sánchez (comprometido, sensible, etc.). No hay mayor contradicción social en el siglo XXI que la que se da entre obrero de izquierdas y el progre sometido a las modas de la deconstrucción, la decolonización y el decrecimiento.

Una vez que el progre se ha encerrado en su caverna estatal se apropia del esfuerzo y las rentas de los obreros, a los que somete a una ideología terraplanista que combina la involución económica (decrecentismo) con el ecologismo irracional y negacionista de la energía nuclear, además de destruir al sector agrícola impidiéndole usar tecnologías baratas y útiles como los transgénicos y los glifosatos, o encareciendo el precio de la vivienda impidiendo que se construya por su fobia a los empresarios, a los que sistemáticamente trata de "buitres" y "explotadores".

Pero el obrero no solo vota con la economía, sino también con el espíritu. Y ve cómo el progre denigra a la nación española, aplaude a los filoterroristas y abraza a los golpistas. Además, pretende que se ponga de rodillas para pedir perdón por las hazañas de Isabel la Católica y Hernán Cortés, ignorando absolutamente el papel de Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria. Nadie más orgullosamente patriota que el obrero, que celebra a España no solo cuando triunfa la selección española de fútbol sino que siente los triunfos de Rafael Nadal y Carlos Alcaraz como si fueran las de sus propios hijos, mientras observa cómo en la izquierda se mira con malos ojos a ambos tenistas porque reivindican el esfuerzo, la determinación y el coraje para conseguir ser unos vencedores. Al progre lo que le va es la reivindicación del fracaso, el orgullo por la revancha y la satanización del adversario (todos son fascistas a la izquierda del Comité Federal del PSOE).

Por último, si hay algo que no soporta un obrero es la hipocresía, el predicar sin repartir trigo, los sermones de unos ricachones que actúan como si fuesen ellos los que tienen que levantarse a las seis de la mañana para conseguir llegar a fin de mes: Pedro Almodóvar usando su yate como púlpito contra el cambio climático; Javier Bardem reivindicando la sanidad pública desde sus habitaciones privadas y carísimas en hospitales solo al alcance de las celebrities de Hollywood; Obama regañando a los negros por resistirse a ser esclavos del Partido Demócrata y decidir por sí mismos si votar a Trump o al Partido Libertario.

¿Que por qué un obrero vota a la derecha? Porque los obreros no tienen más remedio que ser honestos consigo mismos. Les va el jornal en ello. A diferencia de los cocainómanos y corruptos protagonistas de Industry, no son lo suficientemente ricos para ser progres.

Temas

comentarios

Servicios

  • Radarbot
  • Libro
  • Curso
  • Alta Rentabilidad