Menú

El hombre de los tres nombres

En esta España de tiempos acuosos y luces cortas, es muy difícil hacerse un nombre en cualquier sector; él se hizo tres.

En esta España de tiempos acuosos y luces cortas, es muy difícil hacerse un nombre en cualquier sector; él se hizo tres.
Pedro J escuchando atentamente a Victor de la Serna | LD

Sus años en el internado de Suiza o su paso por Estados Unidos, tanto para estudiar como para trabajar, le hicieron ser una persona de gustos extravagantes y formas peculiares. Siempre tuvo un estilo en el vestir curioso, con aquellas gafas de montura gruesa y la distancia social suficiente como para permitir que sólo unos pocos conocieran su verdadero yo. Si no fuera por su enorme cercanía con la cultura estadounidense hubiera jurado que podría haber sido un espía de la KGB. Victor era el hombre de los tres nombres.

En esta España de tiempos acuosos y luces cortas, es muy difícil hacerse un nombre en cualquier sector; él se hizo tres. Con su distintas formaciones, trayectorias, seguidores o medios en los que publicar. Victor fue Vicente Salaner y Fernando Point pero también De la Serna. Siempre me fascinó su capacidad para diferenciar. Era tan estanco para cada uno de sus personajes que mucha gente a día de hoy sigue pensando que son personas completamente diferentes.

De la Serna vivió años maravillosos del periodismo patrio. Siempre estuvo orgulloso de su participación en la creación de El Mundo. Él aportó una visión internacional en un momento en el que el rotativo nacía. Pero además, hizo valer su posición como el primer español en graduarse por la Escuela de Periodismo de Columbia, con aquellas columnas que expresaban más doctrina que información sobre otros medios. Él, desde la atalaya que aporta la libertad, siempre dijo a sus pares cuál era el camino recto del periodismo.

Fernando Point era un bon vivant. Profundamente respetado en todas las cocinas de nuestro país, no sólo valoró a los mejores chefs sino que hizo una labor fundamental en el descubrimiento de otros muchos. Su mayor disfrute consistía en señalar a los mejores novatos de la cocina de la metrópoli. Dar su nombre en un restaurante era asegurarse un disfrute. Merece la pena detenerse en que fue él quien descubrió al mejor cocinero del mundo en la actualidad: Dabiz Muñoz. De vinos no les hablaré porque siempre criticó que yo no bebiera alcohol y además siempre fue lo suficientemente humilde con su propia bodega que jamás sonrió en público por los enormes éxitos de Finca Sandoval.

Y mi Vicente Salaner. Se me empañan los ojos para recordar su alargada figura en el baloncesto español. Este dichoso deporte que tanto engancha le fue poco agradecido. Él siempre estuvo cerca de las estrellas pero baloncestísticamente solo se casó con Raimundo Saporta. Probablemente la persona que más definió a aquel niño que vio jugar al Real Madrid en Suiza o que trabajó para uno de los equipos de la NBA en plena juventud. Quizás su sueño frustrado fue haber trabajado para el conjunto blanco, pero esa es solo una intuición por mi parte. Es posible que hubiera usado un cuarto nombre.

Jamás olvidaré sus apariciones en Tirando a Fallar, donde, con nuestro querido Miguel Ángel Paniagua, formaban una pareja perfecta para entender lo que ocurría en el universo de la canasta. Siempre estaba disponible para nosotros aunque sus Celtics no le dejaran dormir y gracias a su intervención directa, ese pequeño programa que se emitía en una humilde emisora de radio granadina, desembarcó en esRadio. Llegamos los de Tirando a Fallar, y él era uno de los nuestros.

Víctor no era una persona cariñosa y quizá nunca le gustó el contacto excesivo con la gente. Tenía un carácter algo avinagrado, como esos vinos que se quedan en barrica más tiempo de lo que deben. Pero era de firmes convicciones, de una pulcritud extenuante en el trabajo y, sobre todo, gran amigo de sus pocos amigos. A pesar de la diferencia de generaciones entre él y yo, siempre me consideré uno de ellos.

Querido Víctor: sé que, estés donde estés, estas palabras te habrán parecido una horterada, pero había que hacerlo. Tres nombres y una persona dejan mucho vacío. Gracias por todo lo que nos enseñaste.

comentarios

Servicios

  • Radarbot
  • Libro
  • Curso
  • Alta Rentabilidad