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La lección de esa concentración es sencilla. Mientras haya sociedad civil, hay esperanzas de regeneración política.

La lección de esa concentración es sencilla. Mientras haya sociedad civil, hay esperanzas de regeneración política.
La manifestación del 20-O contra Sánchez en Plaza de Castilla | Europa Press

España está herida, pero no muerta. Aún le queda aliento para enfrentarse al golpe de Estado que dirige Sánchez contra la nación española. Ese podría ser un titular sobre la gran manifestación del domingo en la Plaza de Castilla. Sería verdad, pero no recogería en toda su radicalidad el espíritu público-político del acontecimiento. La gente está hasta la coronilla y, además, está dispuesta a utilizar todo tipo de armas, empezando por las más elementales, a saber: defenderse de quienes nos agreden. Armas, armas y armas necesitamos los españoles para ser libres. Salimos a la calle a defender la libertad de todos. Y utilizamos la palabra como arma clave. La palabra dicha con seriedad y despacio es nuestra única arma contra el dictador Sánchez y sus miles de esclavos y corruptos. Esto no va de ideología, sino de la idea de España.

Sí, la sociedad civil española se manifestaba contra un Gobierno que ha privatizado el poder, o sea, ha dado un golpe de Estado ante la inacción de una Oposición de majaderos, o peor, de una casta política más preocupada por vivir del momio público que por construir bienes en común. Su última barbarie fue permitirle al sanchismo sacar de las cárceles a los asesinos de ETA y sigue pasmada. Se culpan unos otros de sus torpezas. Mientras discuten imbecilidades, el pueblo sale a la calle movilizado por cien asociaciones ciudadanas. No está mal. El ronquillo, ese personaje inteligente y sincero, los lidera. Bravo, Alejo Vidal-Quadras, por tu valor. Otra vez has vuelto a dar la talla. Cuando hablabas, no paraba de recordar a un gran filósofo, un amigo, que en el año 2000 me mandó, desde Oviedo, uno de sus libros con la siguiente dedicatoria: "Para AM, que, como el autor de este libro, puede agradecer a los dioses el haber nacido español y no bárbaro". ¡Grandioso, magistral siempre, Gustavo Bueno! El maestro marca el camino: o España o la barbarie.

Ayer salieron los españoles a decirle Sánchez que sus fiscales, sus magistrados, sus rectores, sus tribunales constitucionales y todo el resto de sus zarandajas bárbaras no son nada, al lado de España. Eso es lo que demostró la manifestación de la Plaza de Castilla. El pueblo en acto se manifestaba contra el dictador y sus cómplices. Sí, se manifestaba el entero pueblo español contra una casta política asquerosa y barrigona. La lección de esa concentración es sencilla. Mientras haya sociedad civil, hay esperanzas de regeneración política. He ahí el primer mensaje de los españoles que no se rinden. Es la prueba de que todavía hay partido. Esto no está perdido. Una manifestación de este tipo es en sí misma un acción grandiosa, porque le da a los participantes y a sus observadores ánimo para seguir adelante y, además, nos da la oportunidad de desfogarnos en la calle.

Importantes fueron todos los discursos. Todos estaban cargados de razones contra la barbarie sanchista. Destaco la primera y principal: todo lo dicho por los oradores era verdad. Pura verdad. Solo por eso, sí, por la verdad contenida en todos los discursos, los medios de comunicación serios de España deberían repetirlos en bucle el tiempo que hiciera falta. Esas palabras deberían ser comentadas, ampliadas y llevadas hasta los últimos rincones de España para saber de dónde venimos, cómo vivimos y a qué abismo nos conduce el autócrata Sánchez. Gracias a todos los que hablaron ante esa magna asamblea que nos congregó en la Plaza de Castilla, porque por un rato me sentí orgulloso de pertenecer a una grandiosa civilización. Me sentí, sí, español y no bárbaro.

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