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El PP y Teresa Ribera

La destrucción de presas y la prohibición de actuar sobre los dominios terrestres del agua son parte de la Agenda 2030, que PP y PSOE defienden como una sola voz.

La destrucción de presas y la prohibición de actuar sobre los dominios terrestres del agua son parte de la Agenda 2030, que PP y PSOE defienden como una sola voz.
Carlos Mazón y Teresa Ribera. | Generalidad Valenciana

La vicepresidenta tercera del Gobierno de Sánchez, ahí es nada, tiene que pasar los filtros de la Eurocámara para convertirse en Comisaria Europea y formar parte del máximo órgano rector de la UE. El PP quiere que Europa rechace a esta candidata por su abrumadora dejación de funciones durante la DANA de Valencia, donde sigue desaparecida a pesar de que su ministerio tiene la principal responsabilidad en la gestión de los avisos por fenómenos atmosféricos especialmente adversos y, sobre todo, en el cuidado de los cauces para no poner en riesgo la vida de las personas que habitan en las zonas afectadas.

Todo eso está muy bien, claro, y el nombramiento de la todavía ministra sanchista sería una afrenta añadida a los muertos por la DANA y sus familias. Pero en la pésima gestión de las recientes inundaciones ha habido muchos más dirigentes políticos que no parecen tener la menor intención de asumir responsabilidades, así que la pretensión de que Teresa Ribera abandone su incipiente carrera europea parece más un intento de ofrecer una imagen de firmeza ante todos los españoles que un reproche político fundado en la manera en que Teresa Ribera ha gestionado el ministerio de Transición Ecológica desde que fue nombrada para el cargo.

¿No resulta extraño que nadie en el PP haya denunciado el abandono de los cientos de cauces de ríos, afluentes, barrancos y torrenteras de la vertiente mediterránea, que es donde se producen las avenidas más violentas de agua como consecuencia de las tormentas de otoño? ¿No es curioso también que los de Feijóo no se hayan pronunciado contra la paralización de las obras hidráulicas que podrían haber mitigado los efectos de la pasada gota fría? Claro que lo es, pero es que el PP comparte la política del PSOE en materia de medio ambiente. Los cauces no se limpian de cañas porque los ecologistas han decidido que esos nuevos ecosistemas han de preservarse en su estado actual. Y el PP está de acuerdo con eso. De hecho, en algunos barrancos hay, no ya arbustos, sino árboles hechos y derechos de más de 10 años de antigüedad, cuando Sánchez todavía no había aparecido en la vida pública. Antes no se retiraban y ahora tampoco, una muestra excelente de que los dos grandes partidos coinciden en sus líneas estratégicas medioambientales, cosa que muchos sabíamos ya.

En realidad la destrucción de presas y la prohibición de actuar sobre los dominios terrestres del agua son parte de la Agenda 2030, que PP y PSOE defienden como una sola voz en España y en las instituciones europeas. El origen de la tragedia de Valencia hay que buscarlo en ese programa de renaturalización de espacios que está acabando con nuestro sector primario y, como hemos visto en Valencia, pone también en riesgo las vidas humanas. Ahí, PP y PSOE son la misma cosa. Por eso, su rechazo a Teresa Ribera (por otra parte inútil, dada la influencia de los populares españoles en el grupo parlamentario europeo) es un intento de castigar a Sánchez, no el reconocimiento del fracaso de una gestión que debería revertirse con carácter inmediato.

El mensaje del PP estos días en las redes sociales es que Teresa Ribera y Sánchez "ya no engañan a nadie". Muy cierto. Pero el PP de Sémper y González Pons, tampoco.

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