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La risa del investigado

Lo que está claro es que el ministro que no se enteraba de nada de lo que pasaba en su ministerio ha pactado con el jefe de la banda su silencio.

Lo que está claro es que el ministro que no se enteraba de nada de lo que pasaba en su ministerio ha pactado con el jefe de la banda su silencio.
El exministro de Transportes José Luis Ábalos a su llegada a prestar declaración voluntaria en el caso Koldo a petición del magistrado del Tribunal Supremo Leopoldo Puente. | EFE

Una de las muchas cosas que hacían disciplinadamente todos los etarras era rularse de risa durante sus juicios. Era una forma de despreciar al tribunal y a la sociedad que les sometía a "su" justicia. Los demás, da igual que fueran terroristas islámicos, empresarios evasores o políticos corruptos, una vez pillados, iban por la vida con rictus serio tratando de poner cara de circunstancias como si la imputación les hubiera caído del cielo o por el mal ojo de algún enemigo.

En cambio, en esta época en la que el PSOE vuelve a donde suele, a la corrupción como emplaste de fidelidades y lealtades, algunos de sus investigados hacen lo que los etarras, morirse de risa ante las cámaras. ¿De qué se ríe Ábalos cuando llega al Supremo? ¿Del modo en que va a explicar que Koldo pagaba los gastos suntuarios de su novia de alquiler porque quería y sin su conocimiento? ¿De la forma en que va a alegar que todos los negocios corruptos que celebraban sus subordinados y conocidos en su ministerio los hacían a su espalda y sin su consentimiento? Dice que estaba deseando que le tomaran declaración, pero conserva injustificadamente el privilegio del aforamiento que es precisamente lo que le ha impedido hasta ahora hacerlo. Los hay que la tienen pétrea y los que la poseen granítica. Ésta de Ábalos va más allá en el grado de dureza y es por lo menos diamantina, por mucho que la táctica de echar la porquería a los subalternos no sea ni mucho menos exclusivamente suya.

En cualquier caso, mondado de risa, como ahora, o falsamente compungido, como antes, lo que está claro es que el ministro que no se enteraba de nada de lo que pasaba en su ministerio ha pactado con el jefe de la banda su silencio. Por ahora, no sabemos cuánto ha cobrado. Debe de ser mucho a la vista de la risa floja que le ha entrado. Pero que lo ha hecho no cabe ninguna duda desde que filtró a El País, el órgano del Gobierno, su estrategia de defensa. Es cierto que no puede responder a ninguno de los vehementísimos indicios delictivos existentes contra él y que lo único que hace es desacreditar el testimonio de Aldama, especialmente en lo de la intimidad que aquél dice que tenía con Pedro Sánchez o con el propio Ábalos. Lo que no puede negar es que, amigo o no, Aldama estaba en Barajas la noche en que llegó Delcy Rodríguez. Pero aquí, lo importante no es lo débil que sea la argumentación de la defensa de quien fuera mano derecha de Pedro Sánchez, sino que quien la publique sea la hoja al servicio del amo. De modo que, con tan abrumadora prueba de la existencia de un pacto de omertà, despidámonos de la posibilidad de que el exministro vaya a contar nada. Quizá sea Koldo el que lo haga. Especialmente ahora que su antiguo jefe y sin embargo amigo ha decidido sepultarlo en su basura. Koldo al menos no se ríe.

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