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Zapatero, Bolaños y las ofensas religiosas

En 2025, Bolaños no se esfuerza en disimular porque la ofensa es contra un símbolo católico.

En 2025, Bolaños no se esfuerza en disimular porque la ofensa es contra un símbolo católico.
El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. | LD/Agencias

Este martes, el semanario satírico francés Charlie Hebdo saca un número especial porque se cumple el décimo aniversario del atentado islamista que sufrió en represalia por la publicación de caricaturas de Mahoma. Dos hermanos de origen argelino irrumpieron en la sede del semanario y asesinaron a tiros a doce personas, entre ellos a conocidos dibujantes, como Charb, Cabu y Wolinski. El atentado conmocionó a Francia y al resto de Europa. Diez años después, la revista lo recuerda con decenas de caricaturas que han llegado a su redacción de países de todo el mundo inspiradas por el lema "Reírse de Dios". El número especial, en definitiva, va de hacer burla de la religión y habrá quienes se sientan ofendidos por ello. Pero todos sabemos, y los de Charlie por experiencia, que son las burlas contra la religión musulmana las que pueden tener consecuencias atroces como el ataque que segó tantas vidas el 7 de enero de 2015 en el número 10 de la calle Nicolas Appert de París. Porque se sabe y nada ha cambiado en ese aspecto, el semanario tiene ahora su sede en un lugar secreto. En el número 10 sólo queda una placa en memoria de "las víctimas del atentado terrorista contra la libertad de expresión".

Libertad de expresión. Pilar fundamental de las democracias liberales. La frase volverá a rodar en este aniversario. También se recordarán los hechos. Pero se recordará menos que no todo el mundo estuvo a favor de la publicación de aquellas caricaturas. Rebobinemos. Charlie publicó las caricaturas en febrero de 2006, después de que lo hiciera un periódico danés, Jyllands Posten, y hubiera protestas violentas en varios países musulmanes. En ese contexto, el presidente del Gobierno español, Rodríguez Zapatero y el presidente turco, Erdogan, socios en una efímera Alianza de las Civilizaciones, publicaron un artículo conjunto en contra de la publicación de las caricaturas. "Puede ser perfectamente legal", decían, "pero pueden ser rechazadas desde el punto de vista de la moral y de la política". La libertad de expresión es fundamental, decían también, pero, ¡siempre el pero!, "no hay derechos sin responsabilidad y respeto por las diferentes sensibilidades".

La propuesta rubricada entonces por Zapatero pasaba por "entender el punto de vista del otro" y respetar lo que (el otro) considere como "lo más sagrado". Seguramente les faltó añadir: "siempre que el otro sea musulmán, porque si no lo es, esto que decimos no vale". Y por ahí llega lo actual. Llega de la mano del ministro de Justicia y otros menesteres, quien el día 1 de enero calificó de "intento de los ultras de amedrentar" que unas organizaciones católicas presentaran una denuncia contra lo que consideraban una ofensa a un símbolo católico durante las campanadas de fin de año en Televisión Española. Para mí, lo ofensivo son los espectáculos horteras que montan para amargarnos las uvas, pero no puedo presentar denuncia contra el mal gusto. Así que vuelvo a confrontar a Zapatero con Bolaños.

Aparentemente no dicen lo mismo. Zapatero decía que había que respetar aquello que las personas con creencias religiosas consideran "más sagrado", en lugar de ofenderlas. Bolaños dice que no hay que respetarlo para nada y que quien se ofenda es un ultra que quiere amedrentar. La realidad es que dicen lo mismo. En 2006, ZP camuflaba su rechazo a ofender las creencias de los musulmanes bajo una petición de respeto general a todas las creencias. En 2025, Bolaños no se esfuerza en disimular porque la ofensa es contra un símbolo católico. Ahí, ni respeto ni lo más sagrado ni entender al otro. Leña al mono. Y la leña va para la fogata de una reforma del delito de ofensas religiosas, que se perfila como la gran causa de la izquierda realmente existente en el nuevo año. ¡A estas alturas! Claro que es perfecta como impostura. Si la hacen, todo seguirá igual. Las ofensas al cristianismo no tendrán consecuencias en los tribunales; con la norma actual, no prosperan la gran mayoría de las denuncias. La libertad de expresión todavía prevalece. Y las ofensas a la religión musulmana no existirán porque todo el mundo sabe cuáles pueden ser las consecuencias. Quien no lo supiera antes, lo sabe desde el atentado contra Charlie Hebdo. En la España políticamente correcta no hace falta cambiar sedes a lugares secretos.

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