
El Gobierno está dando pasos cada vez más rápidos en lo que ya no es que sea una huida hacia delante, sino que se ha convertido en la carrera de Telma y Louise hacia el precipicio, con la salvedad de que en la película las que se tiraban por el barranco eran las dos protagonistas, pero en este caso el marido de Begoña quiere tirarnos a todos los demás.
Como ya estamos acostumbrados a cosas que en todo el mundo civilizado serían absolutamente insólitas, no resulta fácil percibirlo con claridad, pero en los últimos días están acelerando. Desde luego la ley de defensa de Sánchez y familia es el síntoma más evidente, pero no el único: los insultos a los jueces son cada vez más groseros, la ofensiva contra todo aquel ose chistar se endurece y el ritmo de canalladas de Pumpido en el Constitucional aumenta: a este paso en cuatro días no les van a quedar disparates jurídicos a los que dar el marchamo de constitucionales. Da la sensación de que nunca se ha trabajado más en esa casa. Tampoco peor, es cierto.
Pero al mismo tiempo que se ve cómo golpe acelera, se tiene la sensación de que el Gobierno está cada vez más débil, de que ya son todo órdagos que se dan a la desesperada, cercados por los jueces y por sus propios socios, en un equilibrio imposible que sólo se mantiene porque estamos en un país de borregos, porque la cohorte de esbirros mediáticos de la izquierda tiene una potencia de fuego que ríase usted de una docena de panzerdivision y porque Sánchez y el PSOE son el líder y el partido con menos escrúpulos que ha visto Occidente.
Mientras, y puede que esto explique una parte de la desesperación, parece que en Junts va ganando terreno la idea de que a esta situación no se le puede sacar más jugo y de que quizá sea el momento de dejar de sostener al hermano de David Sánchez. Vaya por delante que yo no me creo nada de Puigdemont, ni sus amenazas ni sus compromisos, pero lo cierto es que a mí, y ya lo he dicho desde hace algún tiempo, no me parece descabellado que el hombre de Waterloo se haya dado por fin cuenta de que la relación con el PSOE le está saliendo a pagar: mientras él sigue en Bélgica Sánchez está en Moncloa e Illa en el Palacio de la Generalidad, es obvio que algo no va bien ahí.
Por supuesto, los separatistas pueden conseguir más transferencias, más indultos y más dinero con el actual Gobierno que con cualquiera que pudiese venir, pero a mí me parece que, con la amnistía en manos de la Justicia europea y las transferencias y el dinero en las de Salvador Illa, quizá a Puigdemont le interese más que el PP vuelva a Gobernar y tratar de movilizar en su contra a un independentismo que está más apagado que la llama olímpica de Barcelona 92.
Y lo más importante que todo el mundo parece olvidar: sí, es casi imposible que Junts vote junto con el PP y Vox una moción de censura, pero a ver cómo aguanta Sánchez con una mayoría en contra en el Congreso, el resto de las ratas de la coalición prestas a abandonar el barco y su mujer, su antigua mano derecha, su hermano y su fiscal general entrando y saliendo de los juzgados todas las semanas. Y eso sin que la lista de imputados se alargue, que se alargará.
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