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Extremadura tiene razón

La obsesión antinuclear de la España oficial del momento es, pura y exclusivamente, ideológica.

La obsesión antinuclear de la España oficial del momento es, pura y exclusivamente, ideológica.
Plataformas y asociaciones presentes en la manifestación celebrada en Almaraz. | Libertad Digital

Sabemos por múltiples experiencias que a Extremadura no se puede ir "por las malas", pero a la hora de reclamar sus derechos y denunciar los agravios padecidos, los extremeños son tan sufridos como prudentes.

De ninguna manera queremos caer en los tópicos, tan empleados en el viejo "Género Chico", de atribuir caracteres o cualidades generales a los miembros de las diferentes regiones de España: el "baturro tozudo", el "andaluz bailaor", el "gallego diletante", el "madrileño castizo", el "catalán tacaño", el "extremeño sufrido" u otros varios sambenitos similares. No es eso, pero…

Que Extremadura es una región maltratada históricamente, y en particular en los momentos actuales, es un hecho indiscutible. Cargados de razón, pero con la moderación que les caracteriza, los extremeños se han lanzado a la calle para protestar por el anunciado cierre de la central nuclear de Almaraz. Están cargados de razón.

Pero si ni siquiera cuentan con trenes homologables a las redes ferroviarias modernas, ni con proyectos esperanzadores al respecto.

Se alzan numerosas voces para advertir de la catástrofe económica y también de los riesgos ambientales que implicaría nuestra renuncia a los recursos nucleares con que todavía contamos los españoles. No se molesten: el problema es ideológico.

Ideología, no ciencia

Que no se nos olvide que vivimos en un país cuyo presidente, Pedro Sánchez, no ha mostrado pudor al fotografiarse delante de fondos de grandes incendios forestales con víctimas mortales, o al posar ante las cámaras tras desastrosas "gotas frías", mal gestionadas, para afirmar con voz campanuda: "El cambio climático mata".

Las verdades no son mentiras, añadimos que tampoco tópicos, por mil veces que se repitan. En la línea argumental fanática seguida por nuestro gobierno socialista, la cuestión nuclear no podía faltar entre las polémicas preferidas. El desmantelamiento del insuficiente arsenal de generadores de energía nuclear en España está condenado a la extinción, no por razones científicas, ni ambientales, ni mucho menos económicas: la obsesión antinuclear de la España oficial del momento es, pura y exclusivamente, ideológica.

Durante varios años nuestra postura se venía viendo amparada por la tontuna energética europea, encabezada por una Alemania que ha visto cómo la realidad le doblaba el pulso ante la inminencia de la "ruina renovable" que amenaza al continente. Ahora mismo ya no está la situación tan bonancible para los fanáticos del mundo "renovable y antinuclear" que encabezamos. Si seguimos así pronto seremos la excepción, no la regla.

Llegan nuevos tiempos y estamos a punto de tener que enfrentarnos con un problema de difícil gestión; la obsolescencia de las estructuras de primera generación de aparatos productores de la mal llamada "energía verde", como los aerogeneradores o los espejos solares: no sólo no son eternos sino por el contrario no resultan demasiado duraderos; pronto tendremos que empezar a desmontar y sustituir muchos de ellos, y entonces…

Tendremos que enfrentarnos al problema de la "basura de las reciclables", y ello no será ni fácil, ni económico ni parco en volumen; aparecerán nuevas masas de basura localizadas en los enclaves privilegiados de naturaleza, como sierras o terrenos agrícolas donde, tan alegre como irresponsablemente, fuimos sembrando este supuesto "maná energético" en el que algunos creyeron y otros, de paso, se enriquecían.

En definitiva, no hay que ser demasiado previsor para pensar en un futuro muy próximo en el que los fanáticos, incautos o avispados que contribuyeron al "apagón nuclear" de los países devotos del cambio climático antropogénico, que al parecer lideramos como demuestran las imágenes del presidente Sánchez ante las catástrofes ambientales, tengan que arrepentirse de sus alucinaciones falsamente ecologistas. Será demasiado tarde.

Se anuncian nuevos tiempos

Parece que llegan nuevos vientos esperanzadores: algunos científicos parecen sacudirse la timidez o el miedo: así lo demuestra la reciente creación en España de la Asociación de Realistas Climáticos, presidida por el científico Javier Vinós. Se trata de un movimiento tan científico como lógico que ya viene contando con aplastantes avales en el resto del mundo. Es tan sencillo como exigir que se aplique el método científico en todos sus componentes al problema de los estudios climáticos, dejando caer los actuales métodos de presión sobre la economía y la gestión pública que vienen imperando desde los años ochenta en buena parte del mundo desarrollado.

Quienes, desde la modestia de nuestros puestos, en los terrenos científico, divulgativo y periodístico, nos hemos visto obligados a oponernos a las "verdades incómodas" de los seguidores de Al Gore y sus acólitos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático auspiciado nada menos que por la ONU, y venimos trabajando como guerrilleros en la oposición a tales supuestas verdades que prescinden del método científico, dejaremos de ser "negacionistas" para pasar a gozar del respeto debido a quienes discrepan.

Pronto la opción nuclear para satisfacer nuestras crecientes demandas energéticas dejará de ser algo maldito para el ecologismo oficial. Para Extremadura estos nuevos tiempos llegarán tarde, porque si nada lo remedia, sus instalaciones nucleares serán las primeras en ser demolidas en España.

Extremeños, os asiste nada menos que la razón, de manera que no debéis caer en el desánimo: ya sabemos que la injusta y cobarde "mamá estado" suele adjudicar a Extremadura el huevo frito de gallina araucana, o sea el más pequeño, cuando llega a la mesa con la bandeja para cenar y otros hermanos, tan egoístas como injustos reclaman para sí el huevo más grande.

Y de paso pedir también un tren decente y actualizado, que buena falta os hace.

Miguel del Pino, catedrático de Ciencias Naturales.

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