
Pocas veces se ha definido mejor al Gobierno que como ha hecho hoy, después de otra de su larga lista de derrotas parlamentarias, uno de sus presuntos socios, Junts, que les acusaba de "chantaje", de "trilerismo" y "gandulerismo", que son tres de los rasgos parlamentarios más habituales que vienen exhibiendo Sánchez y los suyos.
Ya sé que el ataque de dignidad de los separatistas es totalmente ridículo, pero la verdad es la verdad dígala Agamenón o Puigdemont, y la verdad es que este Gobierno viene abusando de las normas del Parlamento desde hace años. Ya lo hemos normalizado –sobre todo el equipo de opinión sincronizada, que si llegase el día normalizarían en canibalismo– pero todo es absolutamente impresentable: la costumbre de gobernar por decreto, la de unir en la misma norma cosas que no tienen nada que ver para poder acusar a los demás de negarse a aprobar esta o aquella "medida social" y, por supuesto, la falta de esfuerzo y de calidad que se ve en todo lo que no sean maniobras barriobajeras, que en eso hay que reconocer que están al máximo nivel, súper grandes maestros por ponerlo en terminología ajedrecística.
Lo sustancial, no obstante, no es que Junts de repente haya visto la luz de las formas y al menos algunos fondos, una iluminación que ya sabemos que igual que ha venido puede irse, lo importante es constatar una vez más que el Gobierno no tiene una mayoría para gobernar y que los trucos de chantajista y trilero ya no le funcionan.
Y es que a día de hoy la única mayoría que tiene Pedro Sánchez es la que le da a veces Feijóo, un comportamiento que convendría analizar, quizá más por psicólogos que por politólogos, pero que incluso con el ataque de estupidez masiva que viene sufriendo el PP en los últimos meses no va a ser suficiente, no podría nunca ser suficiente.
Sí, ya lo sé, no hace falta que me lo digan: a Sánchez le da igual gobernar mientras siga mandando, pero ninguna de estas derrotas son gratis, no poder tener una agenda legislativa no es gratis, no aprobar los presupuestos no es gratis y, por si la cosa no basta con el calvario parlamentario, echen un vistazo al judicial.
No, no sé si Sánchez aguantará, si acabará convocando elecciones o si dimitirá y se irá a un país del que no vayan a extraditarle, al estilo Craxi, lo que sí sé es que el tiempo que aguante se le va a hacer muy duro. Y es que a todos los chantajistas, trileros y gandules acaba llegándoles su hora. Política, por supuesto.
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