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Juguetes rotos del "Procés"

La necesidad de Sánchez de contar con los siete votos de Junts en el Congreso le ha dado una bola extra en la disparatada partida de "pinball" que mantienen.

Los restos del naufragio del golpe de Estado independentista siguen llegando a la playa. Material disperso. Juguetes rotos, como Toni Comín, el eurodiputado de Junts (sin escaño por no jurar la Constitución en Madrid) acusado de gastos indebidos en el fantasmagórico "Consell de la República". El ex rapero Valtònyc, del círculo de Waterloo, le retrató en X hace unos días con un mensaje inmisericorde: "He vivido siete años con él y, si la experiencia puede servir de ayuda, recomiendo alejarlo de cualquier organización. Lo que ha salido en los medios de comunicación sólo es la punta del iceberg. Algunos podrían denunciarlo, pero en este país las responsabilidades sólo se piden de puertas afuera".

El autor ha borrado el texto, pero lo que pasa en X no se queda en X. Josep Miquel Arenas, de nombre artístico Valtònyc, también fue un juguete roto. En este caso de Pablo Iglesias, que fue quien le encargó la canción por la que fue condenado a tres años de cárcel por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona. Esa es la versión del joven mallorquín. Han pasado muchos años, más de una década. El programa era "La Tuerka", allá por 2012. Cuando el rapero fue condenado, en 2018, Pablo Iglesias era vicepresidente del Gobierno de España. "Él me metió en este lío y en seis años no me ha dicho nada", declaró a principios del año pasado.

Además de juguetes rotos también llegan restos de conversaciones de los momentos más duros del "Procés" en forma de confesiones y memorias. Una de estas últimas conversaciones ha sido rescatada por la revista digital "El Triangle" de una entrevista al escritor Antoni Puigverd en el diario nacionalista "Ara". Puigverd era amigo de Puigdemont, al que incomodaba su tibieza en relación a la asonada, la falta de entusiasmo con lo que ocurría en Cataluña, ese entusiasmo que sí detectaba el entonces "president" en otros escritores y periodistas.

Puigverd ha escrito unas memorias, "Ocell de bosc" (Pájaro de bosque), y a cuenta de eso es la entrevista en la que detalla la última vez que vio a Carles Puigdemont. Ya se había celebrado el referéndum ilegal del 1-O y Puigdemont había hecho llamar al Palacio de la Generalidad a Jordi Basté, Mònica Terribas, Pilar Rahola, Francesc Marc Alvaro, Antoni Bassas y Puigverd. "Se sorprendieron de verme ahí", dice Puigverd, que firmaba y firma textos de opinión en La Vanguardia.

En la cita estaban los primeros espadas del periodismo catalán independentista. Basté dirigía y dirige el matinal de la radio del grupo Godó. Terribas hacía lo propio en Catalunya Ràdio. Ahora ejerce de vicepresidenta de Òmnium. Antoni Bassas también había hecho fortuna en los medios públicos de la Generalidad. Marc Álvaro escribía en La Vanguardia y ahora es diputado de ERC en el Congreso y Pilar Rahola sigue a lo suyo, impasible el ademán, pero fue despedida de la radio de Godó, de La Vanguardia y hasta de TV3 porque a sus patrocinadores ya no les interesaba cuando el "Procés" empezó a ser pescado podrido.

El objeto de la convocatoria de Puigdemont era pedirles su opinión sobre lo que había que hacer con la proclamación de independencia. Quería saber cómo lo harían ellos, el momento, las formas, el contenido. Según Puigverd, sólo él se opuso a la proclamación. Otro de los presentes, al que no identifica, guardó silencio mientras el resto de los congregados se mostró partidario de la proclamación de la república catalana con gran ardor patriótico.

En general, no les ha ido mal. Nada que ver con los juguetes rotos. Puigverd abandonó las tertulias harto de ser tachado de "equidistante", redujo sus colaboraciones a un artículo semanal en La Vanguardia y se dedica plenamente a la narrativa, las caminatas y a cocinar para sus nietos, según cuenta en la referida entrevista. Los demás, más o menos siguen haciendo las mismas cosas, salvo Terribas, que pasó del activismo en TV3 y Catalunya Ràdio al activismo en Òmnium o Álvaro, que aceptó encantado la oferta de Junqueras para ser diputado después de años impartiendo doctrina en la universidad y en los medios.

Puigverd recuerda también que Puigdemont le hizo llegar una dura carta desde la cárcel de la cárcel alemana en la que pasó recluido un par de semanas. No pegó ojo en varios días, cuenta Puigverd, porque Puigdemont le acusaba de haber contribuido a deshumanizarlo. En su caso, alega, no tenía razón, pero sí en el de muchos otros que habían escrito y escriben sobre el expresidente catalán. "Lo han convertido en una rata, pero yo no he colaborado de ninguna manera en eso", dice en la entrevista.

Puigdemont, deshumanizado en primera instancia por los motes que le ponían los dirigentes de su propio partido y después los de ERC, sigue en Bélgica. La necesidad de Sánchez de contar con los siete votos de Junts en el Congreso le ha dado una bola extra en la disparatada partida de "pinball" que mantiene desde que le diera por aprovechar los sabios consejos de su entorno, de Junqueras y de Rufián, quien llegado el momento cumbre le espetó a Puigdemont en X lo de las 155 monedas de plata que estaba dispuesto a aceptar por falta de agallas. Había trascendido que Puigdemont sopesaba cambiar la declaración de independencia por la convocatoria de unas elecciones autonómicas.

Ahí sigue Rufián, por cierto, acumulando trienios en el Congreso. Cuando tomó posesión del acta de diputado, en 2016, dijo que "en 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la república catalana". Es un ejemplo el portavoz de ERC de las grandes oportunidades que pasaban al vuelo durante el "Procés", una de esas historias de prosperidad sin límites en las que también creía Puigdemont cuando le nombraron presidente de carambola y hasta el momento en el que los suyos le exigieron arriar la bandera de España. Prefirió escapar. Algunos le llamaban y le llaman "rata", sí, pero es fundamentalmente fuego amigo, como el del rapero sobre Comín. En cuanto a este último, ya son tres los candidatos que compiten contra él en las elecciones a presidente del "Consell de la República". Uno de ellos amparado por Junts para cargarse al que fuera consejero de Sanidad por ERC hasta que se pasó al bando de Puigdemont. Y es que como dice un amigo, "hay más necios que mediocentros".

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