García Ortiz, togado y hundido
El PSOE hablando de democracia es como la mafia calabresa hablando de respeto a los derechos humanos s o el terrorismo palestino celebrando el día de la mujer.
El Fiscal General del Estado es un delincuente. Ese es el punto en el que nos encontramos dentro del plan de regeneración democrática que Pedro Sánchez prometió cuando llegó al poder. El PSOE hablando de democracia es como la mafia calabresa hablando de respeto a los derechos humanos o el terrorismo palestino celebrando el día de la mujer. En un país normal el gobierno ya habría dimitido y convocado elecciones y tendríamos a asistentes de todos los ministerios triturando papeles como si fuera deporte olímpico, pero no vivimos en un país normal sino en el manicomio a cielo abierto más grande de la historia de la humanidad.
Están los periodistas de cabecera del régimen muy enfadados porque el Tribunal Supremo no ha considerado que su testimonio fuese suficiente por sí solo para absolver a García Ortiz. Es como indignarse porque el médico te diagnostica una cirrosis aunque tus colegas le juren que eres abstemio. Alguien se olvidó de explicarle a los voceros de Ferraz que no son la fuente de la que emana el mismo concepto de Verdad, y el chasco ha sido de los que hacen época. En una gente tan engreída que se cree que su trabajo no es picar tecla y comer micro sino "cambiar el mundo", "ser la diferencia" y otras cursiladas de carpeta de instituto, el baño de humildad ha sido insoportable y ahora andan por las teles braceando como los personajes de cómic y balbuceando chorradas con tono grave y cara de haberse comido un cocido y estar conteniéndose las flatulencias. Un paseo por las cuentas en redes sociales de los y las periodistas más rabiosamente serviles con el poder muestra un panorama no por hilarante menos desolador. El grado de lobotomización que ha alcanzado la izquierda española es inaudito, o lo sería si no fuese porque habiendo vivido el procés catalán los síntomas son muy fáciles de reconocer. Refractarios a cualquier argumentación jurídica o simplemente racional, los felpudos con micrófono se limitan a repetir conceptos e ideas-fuerza que puedan calar en los cerebros más ablandados por el martillo pilón de la propaganda sanchista. Condenado sin pruebas, golpe de Estado judicial, homenaje a Franco el 20 de noviembre, "el que pueda hacer que haga", y toda una sarta de clavos ardiendo para que cretinos y exaltados se agarren y puedan seguir creyendo que los reyes son los Sánchez. Están que trinan porque, si empiezan a perseguirse las filtraciones del PSOE, ¿de qué van a presumir los aguerridos "periodistas de investigación"?
La realidad es apreciablemente más sencilla. A falta de leer la sentencia, se puede decir sin demasiado miedo a equivocarse que al delincuente Álvaro García Ortiz le han condenado por revelar información confidencial como parte de una maniobra política para perjudicar a un adversario político del gobierno, pero sobre todo le han condenado por tonto. Porque hay que ser rematadamente tonto para dejarse pillar así. Más tonto que un zapato. Hay que ser tonto desde antes de que sus padres se dieran el primer beso, tonto con saña, con dedicación y empeño. Haber hecho la carrera de tonto y luego un máster de especialización. Y alguien que le tenga cariño debería decírselo. Se ha comido una condena y va a perder una oposición de 325 temas y un sueldo de 150.000 lereles al año para que el heredero consorte de unas saunas de chaperos pueda seguir creyéndose importante. Ahora el gobierno tiene que escoger a un sustituto. Para darle cierta continuidad al hecho de que la fiscalía esté en manos de un delincuente, un buen candidato sería Baltasar Garzón.
Pero la izquierda no sólo está llena de lunáticos con un CI inferior a la temperatura de la nevera. También de gente peligrosa. "La derecha prepara el terreno para un enfrentamiento civil". Son palabras de Lina Gálvez, eurodiputada socialista. Nuestro último conflicto civil empezó cuando un militante del PSOE le dio matarile al jefe de la oposición. Y el PSOE es el partido que ordenó el secuestro, tortura, asesinato y desaparición de Lasa y Zabala. Hay amenazas que conviene tomarse en serio, por si acaso. Pero hay que aclarar algo sobre la denominada derecha judicial. Dos de los cinco magistrados que han condenado a García Ortiz participaron en la sentencia de 2020 que confirmó las condenas de hasta 50 años por el caso Gürtel. Uno de ellos, Juan Ramón Berdugo, fue de hecho su ponente. Y esa es la diferencia entre los jueces conservadores y los progresistas. Los segundos votarán exactamente lo que tengan que votar, que es lo que diga el PSOE, una de las fuentes principales del derecho junto con la ley y la costumbre. Los primeros, sin embargo, actúan con sus sesgos, porque son humanos, pero fundamentalmente en conciencia. Y ese desequilibrio es fundamental para entender dónde estamos y a dónde nos dirigimos como sociedad. De un lado está el PP a la búsqueda del "PSOE bueno", esa utopía retrospectiva en la que en un pasado idílico existió un Partido Socialista que no era traidor, corrupto y ladrón y no había arruinado el país varias veces; del otro tenemos a Ione Belarra, que fue ministra con Sánchez, exigiendo "reventar a la derecha" para evitar la alternancia en el poder.
El abuso del lenguaje emocional y de las hipérboles en el contexto político nunca precede a nada bueno. La gesticulación histérica y sobreactuada de la izquierda esconde una vocación totalitaria: los jueces no tienen derecho a interponerse en la voluntad del gobierno. Sánchez, el que exigía disculpas para el delincuente García Ortiz, ha dicho que "vamos a defender la soberanía popular frente a aquellos que se creen con la prerrogativa de tutelarla"- Es exactamente el mismo mensaje que transmitía el independentismo durante la fase final del golpe de 2017. "Los jueces no pueden detener la voluntat d'un poble". De tanto arrodillarse ante Puigdemont a Sánchez se le han pegado sus formas. Al final resulta que el procés no acabó, simplemente se extendió a toda España.
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