Tengo que comenzar estas líneas, reconociendo errores que, admitidos desde el principio, expresan su deseo de enmienda. En primer lugar, destaca el error del vocablo "prometido", pues, los aguinaldos no se prometen, simplemente se hacen.
Los que tenemos hijos, tenemos muy claro que, a los niños, cuando confían en los Reyes Magos, no se les puede decir que han prometido tal o cual juguete u objeto deseado, de las más variadas especies. El regalo se entrega el día seis y ni un día más.
Cuando por alguna razón no se puede cumplir con la fecha, los padres nos hemos visto en apuros para justificarlo. Así que el aplazamiento ad calendas grecas, no es admisible.
Además de lo dicho, hay otro error de cálculo en el título, también asumido con convicción, en el calificativo de "aguinaldo". Sólo hay una razón para semejante error: la fecha en que se produce la promesa del presidente. Son fechas navideñas, propias de los aguinaldos, que no abarcan sólo el día de Navidad, sino ese tramo esperanzado que comienza el 25 de diciembre y se prorroga hasta el día seis de enero, festividad de los Santos Reyes Magos.
Aunque esto sea cierto y la fecha sea oportuna, existe una diferencia sustantiva que ningún infante debería imaginar, es la que radica entre el aguinaldo, en sí mismo, y quien lo entrega. De hecho, son muchos los años que transcurren desde la mínima sospecha del infante, hasta el descubrimiento de que la verdad implícita es que son los padres los autores del aguinaldo.
Y aquí radica el otro error, sustantivo y no sólo formal, pues quien promete hacer el aguinaldo, el presidente, es simplemente quien indebidamente se lo atribuye, mientras que los padres, los que pagan, son el pueblo español.
Con independencia de que la promesa se cumpla o no, lo que queda plasmado con claridad meridiana es la debilidad del presidente y del Consejo de Ministros a la hora de tomar medidas en interés del pueblo, sometiéndolas a los intereses del propio gobierno (electoralismo).
Así las cosas, la medida estrella del supuesto aguinaldo, es la subida general de las pensiones en un 2,7% – igual que la inflación de 2025 – con una dispersión que va desde más del 7% de las mínimas, a una cifra vergonzante de las máximas.
Si hablamos de las pensiones no contributivas, la de viudedad y el Ingreso Mínimo Vital, se revalorizarán en un 11,4%. No se ha hecho pública la revisión en las pensiones máximas, quizá por el efecto claramente desincentivador del sistema.
Lo que no cabe es simular que no se entienden las jubilaciones anticipadas, cuando, cada año que transcurre se penaliza a los cotizantes de la escala más elevada, en favor de los que nunca cotizaron o cotizaron mínimamente. Además, resulta indignante, que la subida anunciada de las pensiones medias, con el defecto de las medias – unos muy por encima, otros muy por debajo – cuando la previsión(?) para 2026, es que los precios crezcan el 2,1%; ya veremos.
¿Quién cotizaría así, voluntariamente, por las bases máximas? ¿Por qué defraudar las esperanzas?

