¿Quién será el Bruto de Pedro Sánchez?
María Jesús Montero, Óscar Puente, Félix Bolaños… la lista de candidatos a asestar la estocada definitiva al cesarismo del presidente es casi inabarcable.
Un nuevo año arranca y, para celebrarlo, me voy a atrever a vaticinar el fin de lo que muchos conoceremos siempre como el sanchismo. Permítame el lector que saque la bola mágica para anticiparle dos cuestiones que ocurrirán con total seguridad en este 2026: Pedro Sánchez caerá y habrá un traidor que le aseste la puñalada final, como ya hiciera Marco Junio Bruto con Julio César hace más de dos mil años.
Por tanto, el objetivo de estas palabras no es dilucidar si es algo qué ocurrirá –eso ya lo doy por descontado–, sino elucubrar sobre quién será el cortesano que se atreverá a evidenciar que el rey está desnudo. No se trata de un ejercicio especialmente productivo, pero después del deterioro institucional al que hemos asistido en los últimos años, bien podemos permitirnos este pequeño gozo. De modo que les invito, al menos por esta vez, a que seamos disfrutones juntos.
Si tuviera que adivinar, la apuesta más obvia –y la que guarda más paralelismo con la analogía planteada– sería la de María Jesús Montero. Como Bruto con César, Montero comenzó siendo una férrea opositora interna del presidente –formaba parte del núcleo duro de Susana Díaz– y, sin embargo, fue perdonada y elevada por él hasta convertirse en una de sus lugartenientes más destacadas.
Hoy, no obstante, ha sido enviada al matadero andaluz, donde se juega su supervivencia política en un escenario cada vez más adverso, con Vox amenazando incluso con relegar al PSOE a tercera fuerza. De no ser por las sospechas que pesan a su alrededor en relación con las corruptelas que atenazan al Gobierno, sería la candidata perfecta.
Más bien, me inclino a pensar que la daga será clavada por quien llegó a elogiar a su jefe como el "puto amo", que no es otro que nuestro querido Óscar Puente. En mi experiencia, estos perfiles tan hiperventilados, tan enormemente sectarios, tan beligerantes a la hora de defender lo propio, son los primeros que saltan del barco en cuanto tienen por seguro que este inexorablemente se hunde.
Puente, además, tiene a su favor que parece no estar directamente involucrado en ningún escándalo y, válgase la redundancia, sería el puente perfecto como secretario general transitorio de un PSOE derrotado en la oposición que necesita apretar los dientes y esperar a que el temporal amaine.
Otra hipótesis plausible es la de Félix Bolaños. El utilitarismo que ha demostrado como burócrata del régimen, ejecutando sin titubeos la destrucción del Estado de Derecho que se le ha encomendado, revela a un individuo con la ambición y la falta de escrúpulos suficientes como para traicionar a quien fue su principal valedor si ello le reporta algún beneficio. No me extrañaría nada que Sánchez acabará entonando aquello de «¿Tú también, Félix…?»
Hay, sin embargo, figuras que casi con total seguridad no empuñarán el arma. Fernando Grande-Marlaska y Margarita Robles son dos perfiles muy concretos –profesionales con prestigio previo a la política– que aún no han dimitido a pesar de las múltiples humillaciones a las que han sido sometidos únicamente porque el presidente conoce cosas muy personales de ambos que usará si se vuelven en su contra, hasta aquí les puedo contar.
Pero si algo nos enseña el final de todos los cesarismos es que la lista de posibles Brutos nunca se agota. Por ejemplo, tenemos a Pilar Bernabé, la cual puede ser presentada por los círculos feministas como el mirlo blanco de la defensa de las mujeres a pesar de las sombras en su currículum; a Óscar López, tentado como su colega andaluza para salvarse de la quema ministerial autonómica; o a Carlos Cuerpo, quien puede ser impulsado por las pocas élites económicas que aún susurran en los oídos del socialismo patrio...
Opciones hay tantas como ambiciones y deslealtades hay en el partido del gobierno, de modo que la pregunta a la que estamos contestando no es quién puede traicionar, sino quién lo hará primero.
La historia nos muestra que muchos líderes no acaban siendo derrotados por quienes les combaten abiertamente, sino por quienes se sientan a su mesa. Sánchez, como Viriato, acabará siendo rematado por los que hoy le profesan devoción, pero con mucho menos honor. Porque, en este caso, les puedo garantizar que el PSOE sí pagará a los traidores.
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